Archive for the ‘Crónicas de "el indigente"’ Category

“El Gran Correa.”

Miércoles, Agosto 23rd, 2006

Durante mi estancia en el Parador de los Altos del Canodromo tuve la buena suerte de conocer a Rafael Antonio Correa Botero, “el Gran Correa”. Este buén hombre es un colombiano mas bién bajito, pero al que no se le podría aplicar el divertido calificativo, que usan los gitanos, de “payo pony”. Es lo que que aquí llamaríamos un buén tipo.

Todo lo que voy a contar lo será con sus parabienes y puedo certificar que es “su verdad”, verdad documentada con multitud de documentos oficiales que así lo atestiguan.

Rafa, como le llamaré a partir de ahora, vino a España en 1993 como asilado político al estar amenazado en su país por ser un defensor de los “derechos humanos” -que expresión más bonita ¿verdad?-.

Cuando llegó a nuestro país, Rafa, que no tenía medios materiales se puso a vender “La Farola”. Para los que no se acuerden, antiguamente se vendía en 250 pts. (Alguién ganó mucho dinero con aquella historia, y no Rafa precisamente). Él la vendía cantando -tiene una cinta grabada- y dice que a la gente le gustaba mucho.

En ese tiempo, él se alojaba en un albergue de la Cruz Roja (Simancas).
Con posterioridad, fué colocandose en muy variadas ocupaciones y viviendo en habitaciones alquiladas o pisos compartidos. Rafa trabajó de asador de pollos, ayudante de reformas, peón de albañilería, vigilante de piscinas, y controlador de seguridad en alguna residencia de la Comunidad de Madrid. Es un “currante”.

También y para que nadie pueda dudar de sus ganas de salir adelante hizo siete cursos de formación (espléndidos cursos patrocinados por el Ayuntamiento o la Comunidad de Madrid). Tiene cursos de formación en fontanería, electricidad, calefacción, cocina, primeros auxilios, masajes y agente comercial. Además ha sido voluntario de la Cruz Roja en Madrid y Salamanca.

Pero su trabajo más sorprendente, divertido por la historia que tiene detrás y que ahora detallaré, fué de “pastor”, sí pastor de ovejas durante cinco meses en un pueblecito de Salamanca.

Más o menos así me contó Rafa la peripecia:” Un día vi un anuncio de trabajo en él que pedian un pastor en Salamanca. Y dije para mí: siempre me ha gustado predicar. Yo predicaba en mi tierra y no lo hacía mal. ¿No será tan dificil hacer de “pastor”. ¿Por que no voy a ir?. Seguro que seré capaz de hacerlo bién. La necesidad acucia mucho, hermano”. Así que ni corto ni perezoso Rafa se subió a un tren y se fué para Salamanca. “Cuando llegué a la estación encontré a un hombre esperandome. Muy agradable y que me preguntó: ¿viene por el trabajo de pastor? Yo inmediatamente contesté que sí. Nos montamos en su coche y después de un largo viaje, se nos hizo de noche, llegamos a un pueblecito muy pequeño.

Durante el viaje el hombre ya me había dicho que el trabajo era cómodo y que el pueblo era chiquito y se conocían todos, con lo que yo pensé para mi: mejor si hay poca gente seguro que puedo controlarlo y hacerlo mejor. Pero hermano, cual no fué mi sorpresa cuando, y todo a oscuras, llegamos andando a unas naves grandes en las afueras del pueblo. Mi anfitrión abrió las puertas y ví cientos de ovejas en dos filas. Me puse blanco. Inmediatamente le pregunté: ¿cual va a ser mi trabajo de verdad? Él me dijo “cual va a ser, coño, ayudarnos con las ovejas”.

Una vez desecho el entuerto, yo reconocí mi error y mi absoluta inexperiencia en la labor, pero les pedí que me dieran una oportunidad. Yo trabajaría una semána sin cobrar y si quedaban conformes seguiría con el trabajo. Estuve cinco meses. No sabes como me querían las ovejas, me entendían a la primera cuando silbaba y me obedecían enseguida. Yo las masajeaba antes de ordeñarlas, y ellas movían su cuerpo en señal de agradecimiento (no piensen mal). Mientras yo estuve, se incrementó la producción de leche. Tuve que dejar el trabajo porque cojí unas fiebres de malta (brucelosis) que me dejaron doblado.”

Mi amigo Rafa, tiempo después de esta historia, en mayo de 1998, trabajando en otro de sus múltiples oficios, sufrió de repente unos dolores fortísimos de huesos que le dejaron retorcido sin poder estirarse. Así lo llevaron al Ambulatorio de la calle Lineo nº 106. Así empezó su calvario “el defensor de los derechos humanos”. Desde entonces ha venido recibiendo la atención de la sanidad y de la oficialidad madrileñas.

“Mi gran problema, hermano, es que nadie me dá un certificado médico donde se explique cual es mi dolencia. No puedo trabajar y nadie me ayuda”.
Rafa es un hombre de férrea voluntad y se ha jurado a sí mismo no cejar en su empeño. Ha mandado cartas a todas las instancias, Consejerías varias, el Defensor del Pueblo, Comunidad de Madrid y así un largo etcetera, consiguiendo bién una respuesta “oficial” o el más despreciativo silencio.

Pero Rafa, que es un hombre de recursos insospechados, decidió hacer un plante, en diciembre de 2005, delante de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. No un plante cualquiera, vulgar e insulso, no, mi amigo Rafa se disfrazó con un mono naranja, unos guantes de esqueleto, sí de esqueleto, unas gafas negras del tipo “barón rojo”, con unas calaveras en los cristales y una cinta negra en la frente con un mensaje que decía: “Hola soy Rafa”. Así estuvo durante noventa días de 9h a 15h sin fallar un día. Ese tiempo estuvo durmiendo en casa de un amigo, totalmente gratis, esperando a la resolución de su problema.

Durante su plante, recibió el apoyo moral de muchos madrileños, incluso el periódico “Sí” publicó un minireportaje sobre él incluyendo una fantástica foto donde se ve el divertido disfraz. También, y como no podía ser menos, hubo gente que le insultó y le dijo “ponte a trabajar”. Finalmente , y viendo la inutilidad de su protesta, aceptó ir a un albergue, donde nos hemos conocido.

Rafa sigue firme en su protesta y no piensa parar hasta conseguir su certificado -algún médico le ha dicho bajo cuerda que tiene cuatro vertebras dañadas y que deberían operarle, pero no se lo dan por escrito-.

Por cierto, Rafa ahora es español. Le concedieron la nacionalidad en el 2002. Le llegó la comunicación cuando estaba en Salamanca.

Rafa sigue defendiendo su salud y por supuesto “los derechos humanos”.

“El hombre tranquilo.” ( II )

Miércoles, Agosto 23rd, 2006

“EL HOMBRE TRANQUILO” ( II )

Michael vivía con una aceptación serena el devenir de su vida, por que creía en “verdades” muy diversas, que él compaginaba con tan extrema habilidad que conseguía una línea uniforme, coherente y sólida de pensamiento.

En primer lugar, era un firme convencido en la reencarnación. No recuerdo la cifra exacta, pero cuando le pregunté sobre el asunto me dijo con total naturalidad: “Son doscientas treinta y tantas reencarnaciones las que tenemos. Cuando posees El Conocimiento puedes descubrir a través de la linea de tu vida cuales han sido tus anteriores vidas. Yo en concreto fui mi abuelo en la reencarnación anterior. Mi abuelo fue Comandante en la Guerra Civil. Resultó gravemente herido en la batalla de Madrid.”

Quiero hacer especial hincapié en la naturalidad y tranquilidad con la que me contaba estas cosas, fruto de su absoluto convencimiento en la veracidad de sus teorías.

“Le recogieron en una ambulancia del bando republicano, en estado muy grave. Cuando los sanitarios que lo transportaban descubrieron que pertenecía al ejército golpista, lo arrojaron a una cuneta, donde falleció. En los momentos anteriores a su muerte, solo pedía ver crecer a su hijo y conocer a sus posibles nietos, así que se reencarnó en su nieto, es decir yo, con lo que se cumplieron sus deseos”.

Por la noche, estando ya en la cama, Michael me dijo: “Tienes evidentemente muchos problemas, por que te pasas todas las noches en un puro sobresalto. Incluso a veces te sientas, como si te fueras a ahogar, pero luego te vuelves a tumbar. Yo sabía cuando me trasladaron de habitación que debería ser por algo, y ahora ya sé porqué, para ayudarte”.

Yo me sentí agradecido, pero preocupado a la vez. ¿A que se referiría cuando hablaba de ayudarme? Me lo explicó: “todas las noches, mientras duermes te aplico mis conocimientos de reiki. Soy maestro. Y noto perfectamente como te tranquilizas y duermes mucho más relajado. “Yo me quedé estupefacto pero pensé para mí: “bienvenido sea si vale para algo”. Pero el siguió: ” además poseo El Conocimiento y de acuerdo con las normas del “Libro de Urantia” todas las noches realizo un Decreto para buscar tu bién”.

No me extenderé en la explicación detallada de los Decretos, pero lo que si puedo certificar es que empecé a mejorar ostensiblemente. ¿Sería por el tratamiento médico al que me estaba sometiendo entonces o por las prácticas de Michael? No lo sabré nunca.

Ya saben por qué le he puesto Michael como pseudonimo. Así se llama Jesucristo en el “Libro de Urantia”, libro revelado por Dios a los hombres, y luego copiado por el conocido J.J. Benitez para sus millonarios bestsellers.

Al cabo de unas semanas, Michael me dijo en tono serio: “lamentablemente me van a echar del Parador, y no se si podré terminar con tu ayuda”. “Por qué supones que te van a echar, ¿te han dicho algo?” le pregunté inmediatamente.
“Nadie me ha dicho nada pero lo he “visto” meditando esta noche.”
Efectivamente le echaron cuatro días después y no me pude ni despedir de él.

Meses despés de esta experiencia, un día lo volví a encontrar, me saludó efusivamente, y después de las primeras explicaciones me informó que estaba apunto de descubrir “El gran secreto de los indigentes”. Saben ¿porqué en todas las culturas han habido indigentes famosos, y por qué algunos desaparecen sin dejar rastro? Michael estaba penetrando en el secreto y algo me adelantó, pero esa es otra historia.

“El hombre tranquilo.”

Miércoles, Agosto 23rd, 2006

EL HOMBRE TRANQUILO

En mayo de 2005, entré a formar parte de una, no sé como definirla, cofradía, secta, U.T.P. (Unión temporal de personas), o vecindad. Es decir pasé a ser uno más de los miles de indigentes que deambulan por las calles de Madrid. Durante este tiempo he tenido la suerte de conocer a varios personajes sorprendentes, inteligentes y muy lúcidos a su manera, con peripecias vitales que reafirman el viejo dicho de que la realidad supera a la ficción. Me siento orgulloso de contar con su amistad y su confianza y por eso no desvelaré ningún dato que pueda identificarles, aunque estoy seguro de que como a nadie le interesan nuestras vidas, nadie se tomaría el mínimo interés por obtener más información.

Pues bien, voy a contar la historia de un querido compañero de sufrimientos, al que a partir de ahora llamaremos Michael. (Ya se entenderá el motivo)
Michael hace más de medio siglo que nació en Madrid, pero de joven se fue a vivir a las Canarias, donde vivió durante 32 años. Sus confidencias no fueron mucho más extensas, y solo puedo añadir que se casó, a lo que parece, no hace mucho tiempo, con mujer nicaragüense. Según me contó, ella vive en Nicaragua y le está esperando. Él está trabajando de lo que nosotros llamamos “inútil sin experiencia”, es decir lo que pomposamente se llama “Controlador de Seguridad”, magnifico empleo en el que con salario base, pagas extras, horas extras, nocturnidad y alevosía se paga la hora a menos de 4e. Michael, “el hombre tranquilo” es un tipo de más de 1,90 de estatura y más de 100 kilos en canal. Ya nos habíamos visto con anterioridad, disfrutábamos los dos de las atenciones de l Parador de los Altos del Canódromo, él siempre fumando pausadamente su pipa, mientras yo jugaba al ajedrez por Internet.

Un buen día, por azar del destino, nos convertimos en compañeros de cuarto, cosa de la que nos alegramos los dos. La primera mañana coincidimos en el cuarto de baño. Yo, con la alegría que me caracteriza en estos tiempos, mirándome al espejo dije: ” que mierda de vida, otro día más”, él me miró y no me dijo nada. Ya por la noche en el cuarto me dijo: “tu problema tiene solución, existe una página en Internet que te ayudará en tu búsqueda de salidas”. Yo me quedé mirándole con sorpresa y escepticismo pero el insistió:”yo poseo El Conocimiento, cuando seguí sus directrices ví totalmente el curso de mi vida, como un sendero de luz. De hecho sé cuando me voy a morir, no la fecha exacta pero sí el espacio temporal y no me falta mucho. Ahora, medito con las técnicas del Conocimiento y consigo ver mi luz interior y eso me produce felicidad.” Expresándole educadamente mi escepticismo general, le prometí que miraría la dirección web que me había indicado.

Por supuesto en la siguiente mañana busque con mucha curiosidad la página web que me había indicado. Como yo suponía se trataba de un mundialmente famoso predicador de filosofías orientales sobre la paz. Después de echarle una rápida ojeada, y en el fondo desilusionado por que esperaba alguna sorpresa, me olvidé del tema.

De vuelta al Parador de los Altos del Canódromo, donde habitábamos, nos volvimos a encontrar. Yo, prudentemente me limité a saludarle, pero no le comenté nada sobre mi frustrada experiencia. Él tampoco me comentó nada. Fue por la noche, en nuestra habitación, donde se produjo la sorpresa, donde me desveló sus asombrosos secretos, y donde empezó a aplicarme sus conocimientos esotéricos.

Para poder transmitir a que me refiero cuando utilizo el adjetivo “tranquilo”, con un mínimo de realismo y posibilitar su comprensión, considero imprescindible explicar previamente cual es el mundo en el que nos desenvolvemos diariamente los indigentes, es decir intentar transmitir en lo posible cuales son nuestros sentimientos, cuando nos enfrentamos a nuestra realidad diaria.

La primera reflexión que es necesario hacer, que además considero muy explicativa, es sobre la palabra indigente. Como seguramente sabrán, “indigente” tiene sus raíces en el latín. Viene de las palabras “in” y “digere”, que quiere decir “no posee”. Sin ningún adjetivo más. Es decir no poseemos ni dinero, ni techo, ni hogar, ni ropa, pero sobre todo, y es una sensación generalizada entre todos nosotros, no poseemos derechos, ni futuro, o al menos un futuro apetecible. La única propiedad que nos queda es nuestra libertad, y esa tratan todos los días de cercenárnosla en su aspecto más material. Así que en el fondo lo único que nos queda es nuestra libertad de pensamiento. Con ella, aunque lo intentan, no pueden. Esta situación la tenía perfectamente asumida Michael, y gracias a ello se encontraba en un nivel superior a todos los que querían “ayudarle”.

Michael vivía con una aceptación serena el devenir de su vida, por que creía en “verdades” muy diversas, que él compaginaba con tan extrema habilidad que conseguía una línea uniforme, coherente y sólida de pensamiento.

Continua en “El hombre tranquilo” ( II )

“La Alianza de las Civilizaciones”

Martes, Agosto 22nd, 2006

“La Alianza de Civilizaciones en un domingo cualquiera.”

¿Conoce usted la capital de España? Noveno país del mundo por renta per cápita. ¿Está usted seguro?

¿Quiere usted descubrir algo nuevo y desconocido? Algo impensable en el centro de Madrid, una ciudad moderna, rica y foco de atracción para el turismo internacional.

Pues bien querido lector prepárese a descubrir algo sorprendente e increíble. El próximo domingo, en vez de ir al Rastro, a jugar al golf o a darse un paseo por el Madrid de los Aústrias y tomar el aperitivo en la calle del Almendro, acérquese a eso de las 12h a la plaza de Barceló y descubrirá usted un mundo desconocido.

La auténtica Alianza de Civilizaciones. Pasen y vean.

Son las 11h 20’ de un soleado pero gélido domingo de marzo. Mi buen amigo Gabriel protesta cuando enfilamos hacia arriba la calle de la Beneficencia: “Cuando el grajo vuela bajo….” “Joder, que frío hace”.

Mi reducido grupo de amigos, tres para ser exactos Gabriel, 64 en las agujas, como al le gusta decirlo, y siendo “un pincho” de Cantabria, y “Sabina”, que en sus tiempos fue cinturón negro de kempo kárate y se sabe todas las canciones del cantautor, y yo, ha terminado con las citas inexcusables de primera hora. Es decir, a las 8h 30’ “Sabina” y yo nos hemos colado en una estación de Metro cercana al Parador de los Altos del Canódromo (nombre ficticio del albergue donde dormimos), para estar a eso de las 9h 30’ en una céntrica plaza de Madrid, pidiendo la vez en la inexistente cola de los “enteraos” que a eso de las 10h percibirán en dinero negro la importante cantidad de 1 €. Allí nos hemos reunido con Gabriel, que además de sordo, como siempre, está congelado de frío, pues lleva más de media hora esperando, sentado en un banco de piedra, por que no ha dormido bien y se ha venido andando temprano desde su palacio.

Intercambiamos unas “pavitas”, por que la cosa está muy mala, que diría Chiquito y desde allí, y por supuesto utilizando gratuitamente, nuestro nunca suficientemente bien ponderado Metro, hemos ido a Chueca, donde tras aguardar una cola de más de 30’, hemos tomado un ¿café?, con, como los llama mi amigo Gabriel, unos “atraca brutos” (deliciosas pastitas duras como ladrillos, pero eso si, con unas semillitas, no se sabe bien de qué, pero que facilitan enormemente la pérdida del estreñimiento.) Además nos han dado el habitual bocadillo de choped, con pan de ayer, y hoy ha habido suerte y también nos ha tocado un yogurt de fresa que solamente lleva caducado 15 días.

En fin, como iba diciendo, subíamos por la calle de la Beneficencia, para encarar las escaleras de acceso a la Plaza de Barceló, cuando se nos unieron otros dos colegas, Manu y Navalcuerno.

El primero fue marino de guerra de la Armada española y estuvo combatiendo por esos mundos de Dios (tiene fotos suyas con Marta Sánchez cantando aquello de los “soldados del amor”) (¿les recuerda esto algo a la película “Acorralado?) Suponemos que hasta que se le fue la pinza. Debe andar por los treinta y tantos largos y ahora su única preocupación es la cocina, y su diversión, asistir los viernes a una ONG que pone una película. Como esta no suele ser de su agrado, el viernes pasado se presentó con un CD, a saber de donde lo habría sacado, y dijo que era una gran película. Nos obligo a ver “Howard el pato extraterrestre”. Manu inmediatamente nos preguntó. “¿se quedarán los señores a comer hoy? Siempre trata a todo el mundo de usted.

Él organiza, en plena plaza, con un camping gas, unas barbacoas sensacionales con carne pasada de los “supers” que el conoce, así como una riquísima bechamel con la que elabora unas croquetas muy aceptables o cualquier cosa que se tercie.

“No jodas… Manu” le dijo Sabina, “con el frío que hace hoy nos comemos el plato de los filipinos, cogemos el bocata de los brasileños y la bolsa de los rumanos y salimos corriendo para la estación de Atocha o al Retiro”.

Si han leído bien, los domingos, sobre la 12h 30’ en la Plaza de Barceló de Madrid se juntan entre 70 y 100 indigentes para comer y quienes nos satisfacen esta necesidad básica son filipinos, brasileños y rumanos.

A esa hora aparecen por la calle de la Beneficencia, desde la Iglesia Anglicana, un grupo de unos seis o siete filipinos, portando un enorme perolo de plástico con un plato cocinado. Puede ser, por ejemplo, sopa de pasta, pollo al curry, lentejas con pimienta o arroz varias delicias. Se paran a mitad de la calle y utilizando unos cubos de basura como separadores para formar la cola, empiezan a repartir platos y cubierto de plástico. Les puedo asegurar, que a pesar de lo que parece, es la comida mejor cocinada de todas las que se sirven para indigentes en Madrid.

Son una gente encantadora, muy finos y educados, que visten en plan “pijo”, en invierno suelen llevar “loden” y traen a sus hijos pequeños para que hagan el reparto de platos y cubiertos.
Nosotros, hacemos la espera lo mejor guarnecidos posible del frío o la lluvia, por que en esta calle suele soplar “un gris que corta el cutís”, si bien siempre hay dos o tres espías que vigilan la llegada a cuerpo limpio. En cuanto estos se mueven se produce la avalancha para tratar de estar el menor tiempo posible en la cola y que la comida llegue al plato lo más caliente posible.

Un hombre del que desconozco el nombre, y que tiene una perrita, es siempre el primero. Es un pobre hombre, pero muy divertido. Suele ocurrir que la cola de los filipinos coincida en el tiempo con la cola de los brasileños, sí, insisto, no se sorprendan, brasileños, luego lo explicaré, y este buen hombre va de una a otra corriendo con la perrita y gritando “Yo estoy el primero, estoy el primero”. Normalmente todo el mundo pasa de él y ahí se acaba el asunto, pero cuando encuentra oposición a su intención de “ser el primero” en dos colas a la vez, amenaza con “Os voy a denunciar al Ayuntamiento”. Parece ser que tiene un cuñado ordenanza en el mismo. Y si con tan terrible amenaza no consigue su objetivo utiliza la excusa más surrealista que nunca he oído “Quitaros que tengo a la perra operada”. Esta frase ya ha quedado fija como coletilla en nuestro mundillo.

Casi siempre, cuando ya está funcionando esta cola, es decir, la mitad más o menos de sus integrantes saborean las delicias culinarias asiáticas, sobre cualquier poyete o banco de la plaza, aparecen tres o cuatro personas con dos grandes bolsones llenos de bocadillos. Estos son brasileños, “Obreiros do consolador” u “Os mensajeros”, que te dan un número y un papelito con algún mensaje espiritual. Pertenecen a la conocida secta “Os Espirita”.

Con el numerito hacemos cola, después de las consabidas carreras, caídas de platos e intentos de mejorar la posición en la misma por métodos poco elegantes, nos dan un bocadillo, como siempre de choped, eso si con margarina. Ah, si eres musulmán te lo dan de queso, con lo que el número de musulmanes de boquilla ha crecido sustancialmente en este selecto ámbito.

Realmente lo más bonito de esta cola es ver el contraste con el edificio de enfrente. Lo describiré. Más de setenta personas formando una mísera fila de pobreza, desde el centro de la plaza en dirección a la calle de la Beneficencia. En las escaleras de acceso desde la calle cuatro o cinco personas, repartiendo numeritos, panfletos espirituales y bocadillos, y de fondo, en el edificio de enfrente, a espaldas de los brasileños, ondeando feliz al viento una bandera de España y un rótulo que dice “Ministerio de agricultura, pesca y alimentación”.
Nada más que añadir.

Un fijo a esta cola es “el cubano”. Cubanos hay varios en nuestro colectivo, pero este es único. Más de 150 Kg. a lo bravo, siempre con bermudas, chanclas y camisetas de perlé negro, sea invierno o verano. Más grande que un gran luchador de sumo. Permanentemente habla en voz alta teniendo de vez en cuando fuertes broncas consigo mismo. Si te sientas a su lado, puedes introducirte en su conversación sin que se produzca ningún sobresalto y así enterarte que fue millonario y perdió todo su dinero por una mujer que lo volvió loco. Ahora duerme desde hace ya bastantes meses en su coche. Eso sí por ahora lo mantiene en regla, e incluso de vez en cuando le echa algo de gasolina y le da una vuelta. El se alimenta en conocidos comedores de Madrid y vive su locura en total soledad, porque ha despegado del mundo real.

Una vez terminada la recogida del bocata brasileño, el personal se aposenta en los bancos instalados en la plaza y se dispone a esperar el feliz advenimiento de los rumanos Adventistas (¿han captado la bromita?) del 7º Día. No llegarán antes de la una y cuarto y queda algo de tiempo para el esparcimiento. Nuestro grupo de amigos nos sentamos en un banco al sol en la parte alta de la plaza, para estar calientes y cerca de donde se hará el reparto. Sigue haciendo un frió pelón. Aparecen varios conocidos más que se arriman a nuestro grupo. Miguel “el chino”, uno de los mejores chatarreros de Madrid. Lleva aquí desde el 80, y sigue hablando un fatal castellano con un delicioso acento mandarín. El chino se dedica durante el día a la chatarra y por las noches a vender esas horrorosas rosas que se iluminan. Entre unas cosas y otras los ingresos de Miguel no bajan de los 20 o 30€ diarios. Es de los pocos indigentes que no trabaja en fin de semana, ata su carrito de la chatarra con una cadena y no lo recupera hasta el lunes.

Realmente él viene por la compañía y la conversación, ya que sus problemas de manutención los tiene resueltos con sus “pingues ingresos”. Por la plaza aparecen algunos otros personajes clásicos y típicos de este selecto mundo. “La muda”, setenta y tantos, medio coja o con un andar extravagante, llamada así por que no se calla ni debajo del agua y además como está sorda, con un tono de voz insultantemente indiscreto. “El gorrilla”, cincuenta y tantos y alcohólico, nunca hemos visto que se cambie de gorra o la lave. “Navalcuerno”, que ya se nos había unido antes, 1′56 y menos de 60kg. Navajazo del chivato en la cara, un andar que simula a Charlot pero a cámara lenta y un tono de voz que retumba como un instrumento de metal. Él habla solo, pero como si nosotros le escucháramos. Siempre cuenta la misma historia: ”el viernes voy al hospital, porque estoy muy bajo de defensas. Luego llamo a mi pibita al pueblo para que se venga y nos iremos a pillar 30 pavos de costo.” Lleva contando la misma historia desde que le conocemos y nunca hemos visto a la pibita ni al costo. Digo que no lo hemos visto por que a principios de mes, cuando cobra el llamado “remi” (renta mínima de inserción, unos 320 e) desaparece y le da aire en tres días bebiéndoselo y fumándoselo.

Todo se completa con un grupo de rumanos y polacos, que duermen en colchones, en la misma plaza a espaldas del Museo Municipal, y que a estas alturas del día ya disfrutan de los favores de Baco, algún negro despistado y personal de todo tipo de pelajes.

Con el paso del tiempo, y como los Adventistas se retrasan empiezan los rumores, “hoy no vienen, han llamado al móvil de Manu y han dicho que no pueden venir”. Con estas y otras chorradas y sobre todo por el frió que hace se van produciendo algunas deserciones. Ante otro comentario desalentador “el gorrilla” dice “no digáis gilipolleces, si ya están rezando en la calle”.

Efectivamente ya han llegado y están cumpliendo con su ritual preparatorio de rezar todos ellos juntos fuera de la plaza. Ante la buena nueva el personal se va acercando perezosamente al banco donde se hace habitualmente el reparto. Ellos los rumanos entran en la plaza como si una caravana de la Cruz Roja llena de alimentos entrara en Etiopia, cargados con las bolsas de comida, saludando a todo el mundo, repartiendo sonrisas y muchos “que Dios te bendiga”.

El nutrido grupo de indigentes resistentes, unos 40, se agolpa entorno al banco. Como siempre las voces, “dejarme pasar, que estoy el primero y tengo a la perra operada”. Daniel, el líder de los rumanos pone paz y dice: “primero vamos a dar gracias a Dios”. Uno de ellos reza en español, no una oración completa sino frases de agradecimiento a Dios, según le van saliendo. Estas se trufan con muchos “amenes ” del resto de los rumanos que están todos ellos con los ojos cerrados. Cuando se acaban los rezos se empieza el reparto, y salvo algún apretujón de comienzo este finaliza con bien. Muchos indigentes cogen su bolsa y desaparecen por las calles adyacentes, otros más cumplidores nos quedamos al ritual. Daniel coge su guitarra y empiezan los cánticos. “Más allá del sol, más allá del sol tengo un hogar……..”. El espectáculo reside en el acompañamiento coral. “La muda”, “el gorrilla”, “el chino”, “sabina”, “navalcuerno”, “manu”, etc., etc. Ni el Orfeón Donostiarra. Gabriel se despide antes de acabar: “me voy corriendo, porque sino pillo al vigilante en el metro y no me puedo colar”.

Poco a poco la Sinfónica de Berlín se va disolviendo y al final solo quedarán los fijos de la plaza, el grupo de rumanos residentes y algunos negros del trapicheo.