Archive for the ‘Crónicas de "el indigente"’ Category

“Poesía” (Crónica de un domingo IV)

Lunes, Febrero 5th, 2007

“A LOS MENOS AFORTUNADOS”

Ayer paseando por la calle
con mis ojos vi.
A personas que estaban en la calle
Sin un techo donde cobijarse
Solo una triste caja de cartón.
Algunos ni eso, solo un banco
en medio de algún parque
Sin ninguna manta o algo con qué taparse
y le quite el frío de los duros inviernos.
Y algunos por tener ese techo tan ansiado
dejan su vida en ella.
Y otros mueren quemados en cajeros
como aquella mujer que perdió su vida en uno de
ellos en Barcelona.
Y por eso no pueden hablar.
Por eso quiero recordar a todos aquellos que
hoy no están entre nosotros.
A todos los que sufren y padecen o sienten miedo
a un futuro incierto.
Y a los que ayudan a que su vida sea mejor.
A todos en especial mi poesía quiero dedicar
y abrirles mi corazón y ofrecerles un poco de
cariño.
Para que no se sientan solos.
Para que no se sientan desvalidos.
Y con ayuda de todos cumplir todos sus sueños,
porque dicen que los sueños, sueños son
pero si hay personas que les tiendan esa
mano amiga
Puede que algún día se hagan realidad.

Mª Carmen

Este bonito texto fué escrito y leido por Mª Carmen durante la cena en recuerdo, de los indigentes muertos en la calle celebrada ayer por la “Comunidad de San Egidio”

“Emoción” (Crónica de un domingo III)

Lunes, Febrero 5th, 2007

A las seis de la tarde, la “Comunidad del Santo Egidio”, celebra una misa solemne por todas aquellas personas indigentes que han muerto en la calle.

La misa ha sido muy emotiva. Se han recordado con nombres o sin ellos a muchos colegas muertos. En Atocha, en Plaza de España, en Vigo, en Barcelona, en Las Palmas, y asi un largo etcétera.

Varios indigentes asistentes a la misa han ido encendiendo velas cuando se citaba a sus colegas muertos. Unos por frío, otros por agresiones, otros por desasistencia. Y supongo que algunos de soledad y tristeza.

La “Comunidad del Santo Egidio” celebra esta misa todos los años desde que en 1983 una indigente en Roma murió en la calle sin que ninguna ambulancia la quisiera atender porque estaba muy sucia.

Ellos se dedican a ayudar dentro de sus posibilidades a los indigentes, hacen rutas nocturnas por Madrid, repartiendo comida y cariño. Yo tengo bastantes amigos y colegas que duermen calientes en sus cajeros o en sus bancos, gracias a los sacos de dormir que ellos regalan.

Después nos invitaron a cenar. Fue en la iglesia de Jesús de Medinaceli. Buena cena y luego algunos regalos. Bolsas con jabón, gel de baño, body milk y también comida para llevar.

Pero sobre todo una flor y una sonrisa de cariño y ayuda.

Durante la cena una indigente leyó un texto que ella había escrito para la ocasión.

Nosotros estamos, como ustedes ya saben, a favor de los derechos y no de la caridad, pero eso no es óbice para que agradezcamos sinceramente la buena voluntad y el cariño que despliegan en todas sus actuaciones los miembros de la “Comunidad del Santo Egidio”

“La alianza de las civilizaciones” (Crónica de un domingo II)

Lunes, Febrero 5th, 2007

Llego a la plaza de Barceló. Hacía unos domingos que no venía. Todo sigue igual.

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Aunque no se lee, debajo de la bandera pone “Ministerio de agricultura, pesca y ALIMENTACIÓN

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El 11 de junio del 2006 publiqué una crónica en nuestra primera dirección, pero que ahora pueden leerlo en esta bitácora, titulada “La alianza de las civilizaciones”. Han pasado casi ocho meses y nada ha cambiado.

Todo sigue igual. Allí estaban “Bubú”, “el marine cocinero”, “Gabriel”, “la muda”, “la marquesa de cagaprisas”, “el seis”, etc., etc.

Y por supuesto los filipinos anglicanos, que por cierto nos dieron un magnífico guiso de alubias, los brasileños de “Os espirita”, con sus bocadillos de chopped o queso para los del islam y los rumanos adventistas.

Solo estaba Daniela, porque Daniel estaba trabajando en Valencia. Le había salido una obra.

Los cánticos se repitieron “más allá del sol, más allá del sol……”.

Me quedé un buen rato charlando con buenos amigos, Enrique, que duerme en “el padre Enrique” (es lo propio ¿no?), Anis*, El marine, que nos explicó su técnica para hacer los calamares gabardina, mi buen amigo Joe “the crazy drummer”, que ya no tiene plaza en Mayorales (recursos del frío) y está durmiendo en la calle, ¿no decía Botella que había plaza para todos?, “el asesor fiscal” y alguno más.

Es increible la situación de esa plaza. Más de 100 personas alimentándose de la caridad de los inmigrantes y nuestras instituciones sin darse por enteradas.

Ahora parece que han encontrado la solución. No, no es dar techo a todos, sino como siempre remodelar la plaza para evitar que esto siga ocurriendo.

“El marine” nos recordó que había misa por la gente de la calle muerta en ella. Así que decidimos ir.

“Sábado, sabadete… y Retiro”

Sábado, Octubre 28th, 2006

Hoy ha sido un día tranquilo. La rutina de los sábados. Primero por la mañana, circuito financiero, 1€ y 40 c. Después el bocata de las monjas, hoy ha sido de calamares con tortilla de patata, todo revuelto. Allí me he reunido con mis amigos “Gabriel” y “el espía”.

Desde ahí nos encaminamos a Chueca. Por el camino, de improviso, “el espía” sale lanzado a la acera de enfrente. Vuelve con una botella de ron Brugal, a medias. Restos del botellón. “No hace frío, pero vendrá bien”, dice “el espía”. Estúpida excusa porque todos conocemos su adicción.

Llegamos a Chueca a tomar un cafetito y otro bocata eclesiástico. “Enhorabuena asturias” me dicen algunos colegas. Es porque conocen mi afición a la Fórmula 1.

También aparece “el sargento”. Cada día está más “pallá”. Siempre convencido que está en una guerra. “Ayer me tendieron una emboscada en Tirso de Molina”.

“El espía” se despide con no sé que excusa. Sabemos que se va a beber su botella de ron.

“Gabriel” y yo nos vamos a la Biblioteca Pública. Por alli aparecen, “el cataratas” y “Pascual Olivares”.

“El cataratas”, si leen el artículo “Dos casos” sabrán porque le llamamos así, nos cuenta cómo va su denuncia al tribunal médico que le calificó.

Es un tipo alegre, a pesar de su historia, valiente y optimista.

No cobra la pensión que le corresponde y vive con el RMI en una habitación alquilada y come en comedores de tarjeta.

Además ha dejado de golpe la metadona. Ha pasado unos días muy duros por el mono, pero lo ha superado. “No me sale de los cojones que estos tios cobren por haberme sacado de la droga. Son mala gente, no querían que saliera y me jodían todo lo que podían”.

De improviso “Pascual” me dice, “toma Pedro esto es para ti”, y me da un “peluco” espectacular. “Pero hombre ¿y esto?” le digo. “Ya te dije que no podías andar sin reloj”. No quiero saber en donde lo ha “cambiado de sitio”.

“Pascual” es un tipo delgado, con más de 50 años, muy educado y elegante.

Es licenciado en filosofía, filosofía pura. Sorpresa, ¿verdad?. Es uno más del 13% que, según la encuesta del INE sobre indigencia de diciembre de 2005, tenemos estudios universitarios.

Además domina tres idiomas, además del español. Italiano, francés y portugues.
Devorador de libros, mantiene un ritmo de dos libros semanales, y es alcohólico.

Ahora duerme en un cajero, después de haber pasado por dos albergues madrileños.

Estuvimos charlando un rato, es una delicia hablar con “Pascual”.

“Gabriel” nos advierte, “vámonos que no llegamos a por el euro”.

Otra sorpresa, “Gabriel” es otro del 13%. Es biólogo y ha dormido los últimos diez días al raso en un parque. Por cierto tiene más de 65 años.

Terminado el circuito financiero, es decir con otro euro en el bolsillo, “Pascual” pregunta “¿dónde vais?”. “Podíamos ir al Retiro, que hace una tarde buenísima”, propongo. Todos aceptan y “Pascual” dice: “esperarme un poco que pillo unas birritas”.

Una vez en el Retiro nos comemos los bocatas y las birritas que eran dos de litro. Por cierto muy frías, buenísimas.

Pasamos un buen rato charlando de las vicisitudes de nuestra vida y también contando historias de nuestras “otras” vidas.

Poco a poco todos se van despidiendo y me quedo solo. Decido darme un paseo.

El Retiro está espectacular. El colorido de los árboles digno de un cuadro impresionista. El bullicio grande, niños y sudamericanos.

Luego vuelvo al albergue.

P.S. El peluco lo compró en Cash&Converter.

“El osito Ricardo y su bolsa mágica”

Miércoles, Agosto 30th, 2006

Fecha y hora: 20h 15′ de un día cualquiera del mes de julio del año de gracia.

Localización: Albergue de San Juán de Dios.

Ubicación: Sótanos del citado albergue.

Cuarenta y nueve albergueros y dos colaboradores , o como los llama mi amigo “el osito grandullón” presos de confianza o palanganeros según el humor que tenga, o lo “perfumado” que esté, estamos en la estancia de espera para que empiecen a correr los números de la cena. Sistema de alta tecnología parecido a los números de la cola en un supermercado.

De improviso aparece por las escaleras de acceso al sótano “el osito Ricardo”. “Chicos me he retrasado por que me he encontrado cada cosa… Os vais a quedar alucinados.” El osito Ricardo tiene el número 50.

Explicaré primero el porqué de los motes. Cuando acabó el mes de junio, el albergue de San Martín de Porres cerró sus puertas por vacaciones. Unos cuantos albergueros fuimos destinados durante el mes de julio al de San Juán de Dios.

Uno de ellos fué “bubú”. Y siguiendo con la broma y en el fondo para mantener la unión y como autodefensa ante el mundo desconocido que nos esperaba, empezamos a llamarnos “ositos”. Así fuimos osito Ricardo, osito grandullón y osito gruñón. A mi me llamaron “tio pedro”. Y por fin otro, con el que no nos llevabamos muy bien, aunque por corporativismo le acogíamos en nuestro seno, le llamamos “el patitos”.

Pués bien aquella noche, como ya he dicho estábamos todos reunidos esperando la cena y el osito Ricardo dijo: “¿Que os parece el pura sangre que traigo?” Ante nuestra sorpresa sacó un caballito de madera con la cabeza de peluche amarillento.

“Que cachondo, ¿para que quieres eso”, le dijo el osito Grandullón. “Esperar que no lo habeis visto todo” dijo el osito Ricardo.

Y ni corto ni perezoso apretó una de las orejas del caballito. De repente este empezó a emitir sonidos de trote ligero, posteriormente de relinchos para acabar con un bufido.

“Buenísismo, que cachondada” decía el osito Gruñón mientras “bubú” se partía de risa.

Mientras tanto el pesado de “el patitos” seguía con su cantinela: “Esto es muy fuerte, me van a echar y voy a dormir en el Manzanares con los patitos” esto lo repetía incesantemente, de ahí el mote.

“Esperar que lleguemos a la cena, habrá sorpresa”, dijo mientras tanto el osito Ricardo.

Por fin las 20h 30′. Empieza el desfile con el rito ancestral funcionando. Un preso de confianza dándole al botón y haciendo avanzar los números. Los albergueros entregando la ficha con su númerito y comenzando la ascensión por las escaleras hacia la planta del comedor.

Yo, o sea “el tio pedro” y el osito gruñón, teníamos los números 19 y 20. Habíamos llegado juntos y pronto. Así que al entrar de los primeros reservamos sitio a nuestros amigos, mediante la astuta operación de poner nuestras bolsas encima de las sillas contiguas.

Esto aunque parezca una tontería tenía mucha importancia.

Los colaboradores, mal llamados presos de confianza o palanganeros, ya que en el fondo eran unos infelices y buenos indigentes como nosotros, a los que utilizaban para trabajar en los jardines, recogida de cubos de basuras, barriendo los viales de los aparcamientos, descarga de mercancías, lavandería, comedor, etc. por la bonita cantidad de 10 € 40 c a la semana, pero eso sí sin seguridad social ni contrato de trabajo,- a esto lo llaman terapia- tenían la costumbre de sentarse todos juntos en la primera mesa.

Nosotros nos sentabamos en la segunda mesa, en la que no se sentaban los habituales de San Juán. No sé porqué sería.

Cuando a mediados del mes quedaron vacias la mitad de las camas del albergue, supongo que porque los indigentes que las ocupaban se habrían ido de vacaciones, se cerraron varias mesas, entre ellas las de los colaboradores y estos intentaron ocupar la nuestra. Nosotros nos defendimos con uñas y dientes, haciendo un espectacular despliegue de bolsas.

Bueno pues una vez ocupadas nuestras posiciones empezó el espectaculo.

La cena consistía en un sopicaldo de variadas delicias y unas lonchas de ¿jamón de york? con salsa de tomate. Un pan mal descongelado. Y de postre, para no variar, sandía.

Los ositos allí reunidos con las bandejas llenas de tan suculento ágape nos mirabamos con cara de aburrimiento cuando el osito Ricardo dijo: “Alguién quiere un poco de chorizo picante de León? Si preferís queso de cabra, es muy bueno. También tengo salchichón ibérico y chorizo de pamplona. Para completar tengo tabletas de chocolate”. ” Joder Ricardo es la hostia ” dijo el osito Grandullón. A “bubú” se le caían las gafas de la alegría. Y yo me tiré en plancha sobre el chorizo picante, no sin antes dar las gracias, para darle un poco de sabor al sopicaldo.

Los colaboradores miraban asombrados, sin atreverse a decir nada.

Entonces osito Ricardo para completar el espectáculo de su bolsa mágica sacó un bote de mayonesa, varios envases de salsa rosa, una chapata y algunas rodajas de pan de sandwich.

Finalmente puso encima de la mesa una “sirla” con mango de madera para partir el pan y sobre todo los embutidos y el queso.

Los bocatas volaban, rebosando de mayonesa, chorizos varios y queso.

Tal era el espectáculo que una de las “hermanas” no se pudo contener y se acercó con cara de sorpresa a nuestra mesa. “Caramba con el diabético”, solo se atrevió a decir y se marchó sin ningún comentario más. ¿Qué podía decir?

Desde lejos algunos hermanos miraban asombrados, pero disimulaban y por supuesto no decían nada.

¿Que no quede nada ositos” dijo Ricardo, “esto es un infierno” añadió imitando a Rambo, imitación que clava.

“Esto es un caos, esto es carne de vietnamita, dios mio” insistía el osito Ricardo-Rambo, mientras acuchillaba un trozo de chorizo de León, “háblame Jhonny, levantate soldado”.

Mientras tanto fueron desapareciendo las viandas en las fauces de los ositos agradecidos.

Fin de esta historia.

Mientras la escribo mi buen amigo Ricardo/Rambo me dice que escriba lo siguiente: “Voy a perder mi reputación, dios mio, voy a salir en el New York Times, el presidente me colgará por esto.”

La bolsa mágica del osito Ricardo sigue cumpliendo su función y no hay día en el que no salgan de ella mecheros, chaquetas de cuero, latas de fabada, berberechos, cintas de cassete, hasta un contestador automático. Y como el dice “todo lo que un buen marine pueda necesitar.”

“Circuitos financieros “below the line”.

Miércoles, Agosto 23rd, 2006

Cuando uno pertenece al conjunto de los ciudadanos considerados “normales” de la sociedad, piensa que los indigentes sobreviven pidiendo limosna por las calles, iglesias, supermercados, etc. Y comiendo de las sobras de los cubos de basura o de los comedores de caridad de las “monjitas”.

Pues bien, ese análisis no se corresponde exactamente con la realidad.
En la práctica, los “limosneros”, que no son “indigentes”, suelen tener su vida organizada. La inmensa mayoría de los que piden limosna en la puerta de las iglesias (no así los de los supermercados, farmacias y demás centros comerciales), tienen una casa donde vivir (a veces pagada por los religiosos de su iglesia), suelen tener una paga, bien una pensión o paga por algún tipo de invalidez, etc., etc… !

Incluso a veces subcontratan el puesto. Así que, estos, quizás son los menos necesitados. De hecho algunos de los conocidos limosneros de Sol, Gran Vía y zonas adyacentes, que exhiben en público sus amputaciones y malformaciones, perciben pagas de minusvalías superiores a los 800€. Por supuesto además tienen casa, es decir viven sin grandes problemas.
A todos estos, limosneros y minusválidos no se les puede aplicar con propiedad el calificativo de indigentes.

Los auténticos indigentes gozan de unas fuentes de financiación diferentes y en muchos casos sorprendentes. Si bien como en todos los mercados, tratan de mantenerlas en secreto, ya que también aquí la información es poder.

Para sorpresa de la mayoría de la población, anticiparé, que un indigente bien organizado, puede recaudar mensualmente una cantidad variable entre 300 y 600e sin tener que declarar a Hacienda.

Empezaré por describir “los circuitos financieros opacos”, posteriormente el “mercado de materias primas y bonos basura”, para finalmente dedicar una especial atención a la “financiación pública”.

CIRCUITOS FINANCIEROS OPACOS

Ocho de la mañana de un sábado cualquiera, por ejemplo
del mes de febrero. Hace un día de perros, cae aguanieve y sopla un viento gélido. Sabina y yo hemos terminado de desayunar en “el Parador” y nos disponemos a salir para hacer nuestra ruta habitual. De improviso se me acerca Inocente, mi compañero de cuarto en el Parador. “Pedro os puedo acompañar hoy. No tengo nada que hacer y me he gastado el poco dinero que tenía, dando vueltas por Madrid todos estos días, sin saber que hacer.”

Inocent Sunday, es un hombre negro, con cara de hucha del Domund, de las antiguas, siempre sonriente, espléndidamente esférico, que lleva una semana en el Parador. Llega de la cárcel, donde a estado los últimos siete años, por algún problemilla con las drogas, por supuesto no por su culpa. Habla un perfecto español y domina el inglés, lengua que utilizamos entre los dos cuando queremos que no se entere nadie de lo que hablamos.

Inocente no ha querido recurrir a sus viejas amistades, tratando de rehacer su vida y volver a su antigua profesión, cocinero. Lo fue en algunos hoteles de lujo de Madrid, según me contó, y antes, recién llegado a España, hizo un curso de cocina en una de las mejores escuelas de ello en Madrid.

Al no tener nada que hacer se ha gastado su escaso dinero, día a día, andando por las calles y tomándose refrescos de limón en los bares.
Sabina y yo nos miramos, él no mueve un músculo de la cara, y yo le digo “vale vente pero esto queda entre nosotros”. “Muchas gracias amigo” dice él.
Así hoy salimos tres desde el Parador para ir a una estación de metro donde colarnos.

Sabina va todo el viaje callado. “¿que te pasa, es por Inocente?” le pregunto. “No, es que sigo jodido, me duelen muchísimo las piernas, y con el frío que hace, hoy lo voy a llevar mal.”

Por fin, después de 45′ con un trasbordo incluido llegamos a nuestro destino. Una estación de la zona del barrio de Chamartín. “Tiene cojones el frío que hace” dice Sabina cuando salimos. Inocente asiente con su permanente sonrisa. Yo abro un paraguas rojo, conseguido en un ropero, que por lo menos algo de agua me quita. Después de un pequeño paseo llegamos por fin a nuestro destino.

Continuará………………