Archive for the ‘Crónicas callejeras’ Category

Mis amigas rusas.

Viernes, Febrero 13th, 2009

Tengo dos amigas rusas. Quién me lo iba a decir.

Son dos inmigrantes emprendedoras, las dos con carrera universitaria, que no ejercen en España.

Olga y Nina.

Olga es una mujer de unos 50 años, agradable y con un razonable conocimiento del castellano.

Es la patrona de mi pensión favorita. Recién reformada y decorada.

Muchas maderas, cuadros y espejos. Las habitaciones fantásticas, balconcito a la calle, con plantas, camas anchas, tele de plasma, pequeña pero de plasma, cuarto de baño individual con ducha, inodoro, lavabo, secador de pelo, espejo de aumento, todo nuevo.

Mi amiga Olga me hace precio especial, por lo que le estoy muy agradecido.

Mi otra rusa es Nina, abogada, pero llevando en la actualidad un pequeño bar-restaurante en el interior de un mercado madrileño.

También de unos 50 años y muy rusa.

Antes iba de vez en cuando a desayunar, café y porras, pero un buén día dejó de cobrarme. Me había visto en la tele y según ella era un honor invitarme.

Así que “tuve” que  ir habitualmente y ahora  voy casi todos los días, porque además sé, que si no fuera, por lo del gratis, se enfadaría.

Con ellas he hablado mucho de la situación actual en Rusia, Nina ha estado en Moscú con su familia estas pasadas Navidades, y me han explicado como “no funcionan” allí los servicios sociales y porqué vienen tantos eslavos y rusos a España.

Son dos buenas amigas.

Dobra utro, Olga y Nina.

Dos saludos, o, las vueltas que da la vida. (Crónicas callejeras)

Viernes, Enero 30th, 2009

Hoy me han saludado dos personas. Las dos esta tarde.

Iba yo dando un paseo por una conocida calle de Madrid, cuando alguien me ha llamado.

“Eh, usted, señor”. Sorprendido me he vuelto. La que me llamaba era una mujer desde dentro de un quiosco de periódicos.

“Se ha visto usted en el periódico”.

Me he quedado un poco sorprendido, porque salgo en una foto pequeña, en blanco y negro, pero… (Reportaje sobre el programa “21 días” que emite esta noche La cuatro)

“Sí, muchas gracias” le he contestado, pero ella ha insistido, ha sacado el periódico y me ha dicho, “tenga, tenga, se lo regalo”.

Media hora más tarde, en la misma zona, se me ha acercado un hombre. Un hombre mayor, bien vestido y al cual no conocía de nada,o eso creía yo.
“Hola buenas tardes señor. ¿cómo le van las cosas?”

Tímidamente le he preguntado “¿nos conocemos?”.

“Sí señor, soy el de la lotería de Rafa, la marisquería de Narvaez.”

Antiguamente, en mi primera vida, iba de vez en cuando a este restaurante, magnífica marisquería, y le compraba algún décimo a este hombre.

Las vueltas que da la vida.

La cantidad de años que hace…, ni me acordaba.

Refranes y chistes. (Crónicas callejeras VI)

Miércoles, Octubre 22nd, 2008

Esta misma mañana estuve un rato charlando con viejos amigos de la calle.

El tema central de la charla fué la crisis económica.

Todos coincidimos en que “la cosa está muy mala” que diría Chiquito. Cada día vemos a más gente en las colas de las parroquias, en los comedores, algunos ya abarrotados, la falta de trabajo, la carestía de las pensiones y otras alegrías.

Comentando sobre las posibles soluciones y lo que se avecina en un futuro próximo, negro, muy negro, un viejo amigo, asturiano cerrado, me dice:

“Guajin, ¿non conoces el refrán?”. “No, dime”, le contesté.

“Del cielu baixó una cabra,
amarrá con un cordel,
y un cartel que dicía
el que la pille pa él”

“Pués eso ye lo que piensen los ricus, anda que importales mucho a ellos la crisis y los probes. Non piensen nunca en nosostros”.

A mi comentario sobre la noticia publicada hoy sobre el incremento de la demanda social en Cáritas. “La demanda de ayuda de emergencia a Cáritas creció un 40% el primer semestre de 2008″ otro de los componentes del grupo contó el siguiente chiste:

“Iban paseando un cardenal, un obispo y un curilla y de pronto se encontraron con una bolsa con monedas.
El curilla dijo, es un regalo de Dios, se lo daremos a los pobres.
Entonces el obispo le rectificó y le dijo, no hijo haremos un círculo en el suelo y tiraremos las monedas al alto. Las que caigan en el círculo para Dios y sus pobres y las que caigan fuera para nuestras necesidades.
Inmediatamente intervino el cardenal y dijo, no hijos yo que conozco a Dios os diré lo que haremos. Titraremos las monedas al cielo y las que Dios coja, para él y las que caigan al suelo para nosotros.”

“Pués eso es lo que pasa con la Iglesia, que siempre sale beneficiada. Ahora les darán más donativos y ganarán más dinero”. Remató con escepticismo.

Lo único cierto y bien cierto en todo esto es que la situación de los pobres no mejora nunca, siempre son pobres, un poco más, un poco menos, pero siempre pobres y pidiendo ayudas o caridad, nunca sus derechos.

Regañina a los músicos. (Crónicas callejeras V)

Martes, Septiembre 16th, 2008

Antes de ayer, iba yo en el metro en la linea 6, cuando como casi siempre, entraron dos músicos sudamericanos a “amenizarnos” el trayecto.

Se puesieron en su sitio, en las puertas, uno enfrente de otro y prepararon sus instrumentos, un acordeón y una flauta, para comenzar el “show”.

Arrancó el tren y antes de que pudieran empezar apareció una chica de unos treintaitantos, con una presencia normal, nada extraño en ella, que se acercó al acordeonista y le increpó.

“Como se te ocurra tocar el órgano llamo a seguridad y os denuncio. Esto es ilegal, en tu país podrás hacer lo que quieras, pero aquí esto no es legal, o sea que ni se te ocurra tocar el órgano.”

Todo esto con bastante poca dulzura y en un tono semielevado.

La cara del acordeonista era un poema, callado sin saber que decir ni a donde mirar.

El personal del vagón, con cara de alucine, pero callados sin intervenir.

La chica se fué a su asiento y parecía que todo concluía ahí. Pero me fuí a bajar en la siguiente estación, que era a la que yo iba y ví otra vez a la chica que se levantaba airada a la puerta a mirar si estaban los de seguridad. A todo esto advirtiendo otra vez en tono más alto: “Ni se te ocurra tocar el órgano, hombre, te vas a enterar”.

Lástima que me tuve que ir y no puedo contar como acabó el incidente.

Yo reconozco que en la mayoría de los casos me resultan pesadísimos los trovadores suburbanos, pero quiero recordarles que en Londres y Nueva York, ya hacen castings de músicos de “subway”.

Intento de atraco en Goya. (Crónicas callejeras IV)

Martes, Septiembre 16th, 2008

Un domingo, hace unas tres semanas, bajaba yo por la madrileña calle Goya, a eso de las 16h, después de haber disfrutado con Fernando Alonso en la tele, cuando oí unos gritos en la acera de enfrente.

“Policía, policía, que alguien llame a la policia”. La escena era peculiar. Un grupo de personas sobre todo mujeres, tres o cuatro, empujaban la puerta de un cajero del BBVa, para que no se pudiera abrir desde dentro.

Crucé la calle y me acerqué lleno de curiosidad.

Dentro había dos niñas, una de unos nueve años y otra de unos doce o trece. Rumanas, de las que todos conocemos pidiendo firmas y haciendose las mudas.

La afectada era una chica de uns veintitantos, que al parecer había entrado al cajero siendo seguida por las dos chicas.

Por lo visto la intentaron distraer con los cartones y papeles, para intentar robarle la tarjeta y el dinero. Incluso según contaba ella la cosa llegó al zarandeo por parte de las niñas. Pero consiguió habilmente salir y encerrarlas dentro, siendo auxiliada en su lucha por algunos viandantes.

Llegaron tres coches de policía. Después de las primeras preguntas, el comentario de uno de los policias fué: “Nada, son las de siempre”.

La afectada, no quería poner denuncia y tampoco quería que la vieran por si, las niñas, se vengaban otro día.

Los policías sacaron a las niñas y se las llevaron en el coche patrulla.

Comentarios típicos después de la excitación.

Varón de unos cincuenta, con su mujer colgada del brazo: “Lo que tenían que hacer es coger a sus padres y a su puto país con las niñas”.

Señora de unos cuarenta, vecina del barrio, a lo que se vé: “El otro día entraron en la farmacia de General Pardiñas y se llenaron los bolsillos de caramelos y chicles y encima decían que no habían robado nada.”

Una señora, de unos cincuentaitantos, de buen nivel social (por la vestimenta): “Cuando veo estas cosas, me hacen pensar. Que sociedad estamos creando.”

Otro joven de unos treinta, empleado de la zona: “Lo malo de esto, es que estas hijas de puta, son menores y salen en cinco minutos de comisaría. Esta misma tarde estarán otra vez por aquí. Habría que echarlos del país a todos”.

Que quieren que les diga que no sepan, evidentemente las pobres niñas no tienen ninguna culpa de nacer en el seno de una familia que les enseña este tipo de actitudes.

Pero ¿cual es la solución? y lo peor ¿alguién se preocupa en encontrarla?.

Perdón, me olvidaba de Berlusconi.

“Crónicas callejeras” (III)

Lunes, Marzo 24th, 2008

Hace tiempo, cuando estaba viviendo en la calle, un amigo me enseñó como se obtenía dinero de las cabinas telefónicas.

Estábamos sentados en un banco cerca de una céntrica plaza madrileña, cuando me dijo:

“Mira, fíjate en esos moritos, verás que negocio tienen montado”.

Efectivamente, los vi acercarse, dos vigilando y uno “trabajando”. El “trabajador” sacó una especie de gancho y una bolsa de plástico negro, una sanecan, y con el gancho la introdujo por la boca de la cabina de teléfonos. Después se fueron.

“Explícame” le dije a mi colega. “Pues muy facil. Tienen obturadas las otras cabinas, las que están juntas, con el plástico obturan la salida de las monedas en esta, así que la gente no tiene más remedio que utilizar esta y esta no devuelve monedas ni cambio”.

Unas horas después, los moritos llegaron, volvieron a introducir el gancho, quitaron el plástico y les cayeron todas las monedas que se habían introducido en ese tiempo.

Fácil verdad, bueno pues ahora y por casualidad he descubierto que tambien lo hacen en el Metro.

El otro día iba yo a colarme en el metro, cuando vi que estaba el vigilante, así que saqué un billete de cinco euros e intenté usarlo en una máquina expendedora, pero esta no aceptaba billetes. Luego supe que estaba taponada, exprofeso.

Lo introduje en la máquina de al lado y esta me dió el billete pero no el cambio.

“Oiga, esta máquina no devuelve el cambio” le dije al vigilante. “Ahora mismo aviso a la taquilla de la otra entrada”. Bueno, después de casi 10 minutos esperando, apareción una taquillera. Tarjeta de identificación en la taquilla, apertura de la máquina y cual no sería mi sorpresa cuando al abrir la máquina el vigilante le dice ” a ver donde está la bolsita”.

Efectivamente sacaron una bolsa negra, una sanecan, y cayeron mis 4 euros inmediatamente.

Les pregunté y me contestaron que era bastante habitual, pero que no sabían como hacían para introducir la bolsa.

Bueno, delitos de “alta tecnología” o “lo que inventa el hombre blanco para no trabajar”.