EL ÁNGEL EXTERMINADOR.
Capítulo 1.- Febrero del 2012, cuarto año de crisis.
La crisis mundial que parecía iba a terminar antes, se resistía a su fin. Ya estábamos en el 2012 y la cosa no tenía visos de mejora, las hambrunas se generalizaban en todo el mundo y las tensiones militares iban “in crescendo”.
El paro asolaba a los paises industrializados. En España habíamos superado los 5 millones.
Por supuesto los nacionalismos no tenían freno y de aquello del 0’7 para la cooperación no se supo más.
Además todo se mezclaba con el rebrotar de las antiguas profecías.
San Malaquías avisando del último Papa, y lo malo era que parecía que acertaba, debido a la grave enfermedad que padecía el Papa. Se avisaba de su pronto fallecimiento.
Nostradamus, con mil interpretaciones.
Y los Mayas, con sus profecías cósmicas, avisando de un cambio de Era en su Primera Profecía:
Según esta profecía, el 22 de diciembre de 2012 el Sol recibiría un rayo sincronizador del centro de la galaxia con el que se iniciaría un nuevo ciclo. Sería el fin del mundo de materialismo y destrucción en el que vivíamos y el inicio de una nueva etapa de respeto y armonía. Antes de ese día, la humanidad debería optar entre desaparecer como especie pensante que atenta contra el planeta o evolucionar hacia una nueva Era de integración con el resto del Universo
Y dándonos una salida en la Séptima:
En esta profecía los mayas nos dejaron un mensaje de esperanza. Dijeron que a partir de un esfuerzo voluntario por lograr la armonía y la paz interior, podríamos desarrollar nuevos sentidos e integrarnos al funcionamiento de la galaxia. Así podríamos reducir los efectos nocivos anunciados por las otras profecías y renacer en una nueva Era, “la Era de la Luz”.
Para colmo, en España, tuvimos un invierno durísimo. Frío como no se recordaba, o como decían los viejos periodistas para abaratar palabras en la transmisión, “ancianitos inrecuerdan”.

En Madrid capital se había llegado a 11º bajo cero y había nevado copiosamente al menos siete veces.
Ya llevábamos varios años de frío intenso. La lucha entre los llamados “calentólogos” (apoyaban la teoría del calentamiento global) y los llamados “invernólogos” (vaticinaban una miniglaciación) era continua. Por el frío, parecía que los últimos tenían razón.
Y cuando todo el mundo andaba congelado, saltó el escándalo.
Los titulares de la prensa eran:
“400 indigentes muertos en la capital en lo que va de año” (Diario “El Mudo”)
“Los albergues vacíos. Los indigentes creen que los envenenan” (Diario”BCD”)
“No quedan extranjeros en las calles de Madrid”. (Diario El Pisa)
“Cataluña se llena de inmigrantes huidos de Madrid”. (Diario “El Futuro”)
Todas las radios y televisiones se hicieron eco del asunto. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué morían tantos indigentes?
Nadie tenía una respuesta, pero lo cierto es que la mayoría de los inmigrantes que vivían en las calles, marroquíes, eslavos, africanos, habían huido de Madrid, ante las numerosas muertes de colegas y otros, ante el evidente riesgo, habían sido recogidos en sus casas por sus paisanos.
Los hispanoamericanos volvieron a los pisos “colectivos”.
Unos hablaban de vudú, otros pretendían una limpieza étnica con motivo de la concesión de las Olimpiadas, y eso que Gallardón había perdido las elecciones del 2011 por los escándalos de corrupción.
Cada uno tenía una teoría, pero, por si acaso y para evitar que le tocara a él mismo, la mayoría se buscó la manera de huir de Madrid.
Solo quedábamos, en las calles, indigentes autóctonos, españoles. Pero lo cierto es que habían muerto muchos colegas. Todos morían igual, primero les daban espasmos y luego se ponían rígidos y les fallaba la respiración.
Entre los colegas empezó a cundir el miedo. No se hablaba de otra cosa en las colas, que ya no eran tales, porque además de los muertos, muchos se negaban a ir y se buscaban la vida en los cubos de basura, a pesar de la dificultad, por la aplicación de la llamada “Ley Botellón” (mezcla de Botella y Gallardón) por la que se multaba con 750€ al que cogiera comida de las basuras.
Algunos, los que iban de duros, decían “que bien se vive ahora, sin los putos extranjeros, que se jodan los muertos, no eran suficientemente duros para vivir en la calle”
La versión más extendida era que nos estaban exterminando intencionadamente, que nos envenenaban en los albergues y los comedores sociales, aunque eso sí, los motivos variaban bastante.
Nació una nueva ONG muy combativa, o mejor una asociación para la lucha por los derechos de los indigentes. “Los Legionarios de los pobres”. Estaba formada, básicamente, por un grupo de exmiembros de los Legionarios de Cristo, rebotados ante el fracaso de su Orden, y algunos asistentes sociales, radicales, que habían desertado de las Ong’s tradicionales, criticando su mercantilización y su falta de involucración real en el problema.
Organizaron sentadas delante del Ayuntamiento, manifestaciones y acampadas con los pocos que iban quedando, pero no consiguieron nada práctico, solo desmentidos y declaraciones repetidas, “no tenemos la culpa de que los indigentes no quieran ir a los albergues y prefieran su libertad”, “es estúpido y delictivo acusar al Ayuntamiento de envenenar a la gente”.
Pero lo cierto es que la situación les había desbordado. Mario Lopez, responsable de los Servicios Sociales del Ayuntamiento había cancelado los contratos con las empresas privadas que los gestionaban y más tarde no le quedó más remedio que presentar su dimisión.
El panorama era, exagerando algo, apocalíptico, pero más de algún medio sensacionalista utilizaba el término.
(CONTINUARÁ)