La cancela y la chacina.
Hace unos días se me ocurrió acercarme a un pequeño convento de monjas. Un antiguo convento de Madrid donde todos los días reparten bocadillos por la mañana.
Llamé a un ventanuco de madera, con enrejado, con los nudillos y esperé.
Al poco apareció una monja, que yo ya conocía. Una monja muy mayor y muy agradable.
Después del preceptivo “Ave María purísima, sin pecado concebida”, ella se dirigió a mi.
Utilizó dos palabras preciosas que hacía mucho tiempo que no oía en vivo, “cancela” y “chacina”.
Me dijo cariñosamente “hijo la próxima vez llama al timbre, porque sino a veces no oimos y no abrimos la cancela”, para después sacarme un bocadillo diciendome, “lo siento, pero hoy no hay chacina” y me dió unos quesitos.
Da gusto ver como en algunos sitios todavía se utilizan estos términos cotidianamente y se conserva el castellano.
