Limosneros.

Hasta ahora casi nunca he hablado de los limosneros. Siempre he dicho, y lo mantengo, que la mayoría de la gente que de verdad está en la calle no son limosneros.

Pero eso no impide que algunos si se dediquen a ello. Basicamente aquellos que han aceptado su situación como definitiva y ya no se plantean ni en sus mejores sueños la posibilidad de salir de la calle.

Hoy voy a comentar un paseo por dos calles importantes de Madrid. No diré cuales para evitar a los curiosos o posibles graciosos.

Paseando por la primera calle, se encuentra una farmacia, una farmacia grande, con abundante afluencia de público. En la puerta siempre está un hombre, bien vestido, sobre los sesenta años y con una cajita de plástico, que abre y cierra la puerta según entran o salen los clientes.

Él duerme, unos metros más adelante, en la entrada de una tienda, con sus cajas de cartón como soporte.

Así pasa los días. Realmente con lo que saca solo consigue comer y fumar. Perdón y echar “la primitiva”. La ropa la saca de un ropero.

Futuro ninguno.

En la siguiente manzana hay un despacho de quiniela y loterías. En su puerta hay otro hombre. Este más joven, cuarenta y tantos. Más deteriorado, yo le conocí hace años y estaba muy mal. Ha superado sus adicciones, pero ya tiene poco futuro.

Duerme en un cajero en una calle perpendicular cercana.

Igual que el anterior, con lo que obtiene come, la “primi” y el tabaco. Poco más.

Futuro ninguno.

Cambiando de calle, bajando por una perpendicular a la anterior, nos encontramos con una anciana. Más de setenta seguro.

Sentada en su sillita, bien abrigada y con un cestillo en el que solo hay “cobres”, o sea monedas de céntimos. Cuando le dan una moneda mayor inmediatamente la coge y se la guarda.

Ella tiene su casa y de hecho muchas veces se ve a señoras más jóvenes sentadas con ella charlando. Señoras bien vestidas, del barrio que la hacen un rato de compañía. Debe ser que no le llega la pensión y por eso pide.

Futuro, esperar, lo mejor posible, a la muerte.

Un poco más abajo y en la entrada de una gran tienda, tienda con mucha afluencia de público se posiciona un payaso. Sí un payaso pintado y vestido.

Tiene un cartel que dice que pide para pagar la pensión y para comer. Y su firma “rayito”.

Este vive bien, tiene paga, está en una pensión y realmente es el que menos necesita el dinero extra.

Lamentablemente quizás es el que más dinero consigue.

Si seguimos por esa calle hay dos o tres limosneros más, pero por no cansarles los obvio.

Muchas veces me han preguntado sobre este tema, que ¿si hay mafias?, que ¿si se forran? etc…

Bueno como han podido leer, de forrarse niguno, alguno tiene más cara o menos necesidad que los otros, pero ¿realmente importa?

Mafias tampoco. Defender su sitio o su “modo de vida”, ocurre a veces, pero la sangre no llega al río.

Y salvo algunos caraduras de los que algun día escribiré, en el fondo todos son pobre gente con escaso futuro, pero a los que no se arregla nada dándoles limosna.

La limosna es lo que en el fondo les mantiene atados a la calle, a sobrevivir en el día a día.

A no tener ningún futuro.

No soluciona absolutamente nada, pero calma las conciencias.

“¿Es usted buena persona?, Sí, claro, siempre doy limosna a los pobres.”

One Response to “Limosneros.”

  1. kase Says:

    El siempre doy limosna a los pobres no es ayuda, pero el darle limosna a un necesitado? ahy quien reamente se keda atado ala limosna, pero aveces me a tocado conocer quien solo a tenido que recurrir a eso en un momento de desesperaccion.

    ke seria mejor, voltearte y decirles trabaja? o ignorarlos con lo mas duro de la apatia?….

    siertamente prefiero darle una moneda al ke esta aciendo “algo” kisas tocando una guitarra.. ke al ke simplemente se tira a esperar misericordia..

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