“Algunas historias”

Ultimamente escribo poco. La vida, mejor la relación diaria, con la gente de la calle consume bastantes energías.

Energías mentales, fuerza mental.

Estos días hablaba con un buen amigo mío. Una persona estupenda, amigo de sus amigos, honesto, trabajador, impecablemente vestido, pero un tipo triste. Quizás mejor definirlo como una persona sin ilusiones.

Que duro definir a laguien como una persona sin ilusiones. Verdad.

Mi amigo, hijo y nieto de guardias civiles, empezó a trabajar con once años. Se colocó después como ordenanza en un banco. Hizo un curso de informática y con 19 empezó a trabajar en un centro de proceso de datos. Llegó a ser jefe de sala. “Trabajaba 14 y 16 horas diarias”, me contaba.

Aquella empresa fué comprada por otro banco y perdió su trabajo. Se colocó en otra empresa informática que cerró dos años después.

De ahí a la construcción, hostelería y trabajos varios.

En el 2002 a la calle. Ahora tiene 55 años cobra la RMI (Renta Mínima de Inserción) o sea 340€ mensuales, sin pagas extras.

Se busca la vida por los contenedores. Tiene muy buen olfato y siempre encuentra “antiguedades”, que es lo que le gusta. Libros, muebles, ultimamente ha encontrado un gramófono en perfecto estado y una colección de discos de pizarra.

Con eso se paga una pensión algunos días del mes, mientras le dura y el resto a la calle.

No bebe ni se droga y solo le gusta jugar su partidita de tute en un bar donde le conocen y le fían.

Yo le preguntaba, “no te apetece buscar un curro”. Su respuesta “pues no Pedro, ¿para qué?. Ya no tengo ilusión por nada, me divierto con mis antiguedades, lleno el día y luego el tute y un cafetito y tan ricamente”.

Que quieren que les diga. Otra historia de soledad.

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