“El gran Antonio”

Hace unos doce días publiqué en esta bitácora un arículo que se titulaba “Negar un plato de comida”
Hoy me siento en la obligación de volver a denunciar la situación en ese comedor. Verán ustedes porqué.

Hace un par de días caducaba la tarjeta de un indigente. Él lo sabía, pero confiando en la humanidad de la gente, decidió acudir un día más a comer.

El vigilante de la puerta, que le conocía, no le puso ningún impedimento y le dejó entrar.
Concha, la inefable Concha, personaje bondadoso conocido por los indigentes madrileños, tampoco le puso ninguna pega y le dejó pasar al comedor, a comer.
Él, encantado y aliviado, cogió su bandeja, le sirvieron, se sentó en una mesa y empezó a comer. Hasta aquí todo bien.

De improviso mientras estaba comiendo, apareció “el gran Antonio”, el nuevo asistente social del comedor. Sin dilación le espetó: “Levantese ahora mismo y vayase. Deje la comida en la bandeja. Usted no tiene derecho a comer aquí”. Todo es to delante de todo el mundo, con una gran falta de tacto.

Nuestro indigente, humillado como tantas veces, obedeció, desperdiciando toda la comida que tuvo que tirarse a la basura. Yo le habría tirado la bandeja encima. Por supuesto por la hora que era se quedó sin comer ese día.

No contento con esto, “el gran Antonio” se dirigió al vigilante: “la próxima vez que deje pasar a alguién con la tarjeta caducada, dare parte a su empresa de su actitud.”

Este nuevo asistente social, “el gran Antonio” es el sustituto de Juán Carlos, un asistente encantador, educado y listo, que por desgracia se largó desesperado de la situación, de no poder hacer nada por la gente. Yo hablé muchas veces con él y me contaba sus puntos de vista. Por fin encontró otro trabajo -nada que ver con la asistencia social- y se fué corriendo.

Volviendo al “gran Antonio” debo añadir que me han contado que cuando alguién le habla de nuestra bitácora contesta muy airado: “Eso no lo leais. Es un revolucionario, un tal Pedro y eso no vale para nada”. Nos sentimos reconfortados.

Da toda la impresión de que a este chico le han dado un carguillo y se le ha subido a la cabeza. Se debe creer alguién importante. Desde luego se está haciendo famoso entre los indigentes por su despotismo y su arbitrariedad. Ya me han contado muchísimos casos de indigentes que se muestran quejosos con su proceder.

Y yo me pregunto, mientras tanto que hace Alejandro, el otro y más antiguo asistente social de ese comedor. Él es un tipo razonable y con mucho mejor talante. ¿No piensa o no puede intervenir?

Y la buena de Concha, o sus compañeras Las Damas Apostólicas. Ya sé que tienen firmado un acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid y han delegado la gestión. Pero ¿no son conscientes de que también afecta a su buen nombre? Y además ella y ellas no negarían nunca un plato de comida.

Como siempre vuelvo a hacer la misma pregunta ¿dónde se puede reclamar?

Como siempre en nuestro caso ¿las reclamaciones? al maestro armero.

One Response to ““El gran Antonio””

  1. ORIMAR Says:

    Querido Pedro, me reitero en lo dicho. Sois ciudadanos de segunda (o incluso de tercera). Muy poca gente os considera personas con derecho a exigir, reclamar y criticar todo aquello que no os parezca bien, aunque aportéis argumentos razonables que apoyen el cambio.

    Intento imaginar lo frustrante que debe ser conocer casos diarios de vulneración de vuestros derechos y obtener la callada por respuesta. Creo que hay mucho por hacer para poder hablar de una verdadera inserción y entiendo que, por el lado de los “normalizados”, sobra a veces prepotencia y falta un cuestionamiento de los métodos y de los resultados obtenidos.

    Por lo menos, páginas como la tuya ayudan a que algunos cada vez nos volvamos más críticos con el estado actual de las cosas y empecemos a considerar fórmulas alternativas para AYUDAR, tenemos mucho que aprender de gente como Daniel y Daniela…

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