Dos “casos”.
Voy a comentar dos casos de calificación de minusvalías por tribunales médicos.
Realmente no sé por qué los denomino “casos”. ¿Será que me acuerdo del famoso y antiguo periódico “El Caso”?
El primero de ellos es el de un buen amigo que vive en una habitación alquilada, después de pasar por la calle, por albergues y por lo que verán, por hospitales. Paga su habitación con el RMI (Renta Mínima de Inserción), o sea 321 € mensuales. Todos sus ingresos.
De todo lo que voy a contar tengo documentación y a él, que es la mejor prueba.
Mi amigo tiene sida en estadio 2. Además tuvo un aneurisma cerebral, por el que ha sufrido dos intervenciones complicadas, sin que consiguieran arreglar satisfactoriamente su problema. He leido los certificados médicos que atestiguan ambos problemas.
A él le cuesta hacer esfuerzos y tiene problemas con su visión periférica.
Pues bien, agarrense, la médico que le califica la minusvalía le concede un 56% en base al sida y, ahora viene lo bueno, a que padece “cataratas”.
Sí, sí, CATARATAS, han leido bien.
Mi amigo me dice que las únicas cataratas que conoce son las del rio Cuervo.
Uds. pensarán, como toda persona bienintencionada y sensata, que eso es un error y que se arregla muy facilmente.
Quiero suponer que no existe premeditación. Lo debo dar por hecho. Pero este “error” le supone a mi amigo primero que por el porcentaje concedido no tiene derecho a paga de minusvalía, y después que es él el que tiene que reclamar y eso llevará bastante tiempo. Volver a pedir certificados médicos de todas sus enfermedades, volver a pedir cita para el tribunal médico, etc, etc. Todo este proceso puede llevar un año de demora, y mi amigo sin cobrar una pensión a la que tiene derecho.
A ver si me explico, si en vez de ser un hombre con recursos y reclamar sus derechos fuera un pobre hombre, como tantos hay en la calle, la administración se ahorraba un dinero. ¿Y si fuera un alcohólico de la calle? Pues a beber y refunfuñar contra el gobierno. Esto pasa demasiadas veces.
Y ¿las reclamaciones? al maestro armero.
El segundo caso es el de un buen hombre. Diabético. Esta enfermedad le ha llevado a perder una pierna, operada tres veces, sufrir tres infartos cereblales y perder prácticamente la vista.
Ha sobrevivido porque era un hombre fuerte sano y deportista hasta que la enfermedad se cebó con él.
En este momento vive en un albergue madrileño, andando malamente con muletas, desde hace ocho meses y esperando a su tribunal médico de calificación.
Eso sí, a las nueve de la mañana tiene que abandonar el albergue, como todos los “usuarios”, y no volver hasta las seis de la tarde.
Por fin llegó la calificación y le concedieron un 70% de minusvalía.
Supone algo más de 300 € de pensión, pero eso sí con derecho a una persona de ayuda.
Es decir, alquílese ud. una pensión o una habitación, con la paga obtenida y nosotros le enviaremos unas horas a alguien para que le ayude un poco.
¿Saben Uds. cuanto vale la pensión más barata de Madrid? o ¿el precio que tienen las habitaciones en alquiler en este momento? Además habrá que comer, ¿digo yo?
Mi amigo ha presentado una reclamación añadiendo más motivos para su minusvalía, a ver si consigue llegar al menos al 85%, con lo que conseguiría una paga algo superior a los 500 €.
Estos dos casos, aunque sean difíciles de creer, son totalmente verídicos y demostrables. Ambos sufridores son tambien parte de la población que llega a las calles de Madrid, por causas que no son las más habituales. Pero puedo decir que no son casos aislados.
Yo creía que vivíamos en un estado del bienestar. Debo haber leido mal los periódicos.