“Dos amigos”

Dos amigos míos han vivido la misma situación con finales distintos.

Uno de ellos, buen amigo, colega y compañero leal se convirtió en drogodependiente por avatares de su vida. Pasó por el “talego”, pocos meses, y de ahí a un centro terapéutico.

Aguantó en él ocho meses y decidió abandonar. Al salir “desparramó” durante tres días seguidos. Se puso de “lonchas” hasta las trancas.

Entonces pensó: “que gilipollez estas haciendo. Otra vez a lo de antes.”
Tomó una decisión definitiva y abandonó totalmente el consumo.

Luego ha tenido otros problemas, de salud, y por eso está conmigo. Pero ya está más fuerte y ha empezado a trabajar y va a salir de esta situación.

Mi otro colega, al que conozco menos, es también toxicómano. Al poco de conocerle -un mes - se fué también a un centro terapéutico. Sólo ha aguantado un mes.

Al salir se encuentra con las puertas cerradas de los albergues. No se le da plaza por haber abandonado el tratamiento.

Él no ha vuelto a consumir, simplemente no soportaba el sistema de funcionamiento que había en el centro.

Ahora debe dormir en la calle, con el riesgo que eso conlleva de recaimiento.

Uno ha sido evidentemente más fuerte que el otro. Pero el debil ¿debe pagar con esa moneda?

Un enfermo por adicción que hasta ahora ha controlado su consumo, con analíticas negativas, ¿debe pagar ese castigo?

Debería tener otra oportunidad, rápida, para evitar que se desespere y abandone sus buenas intenciones. Digo yo.

Leave a Reply