“El osito Ricardo y su bolsa mágica”

Fecha y hora: 20h 15′ de un día cualquiera del mes de julio del año de gracia.

Localización: Albergue de San Juán de Dios.

Ubicación: Sótanos del citado albergue.

Cuarenta y nueve albergueros y dos colaboradores , o como los llama mi amigo “el osito grandullón” presos de confianza o palanganeros según el humor que tenga, o lo “perfumado” que esté, estamos en la estancia de espera para que empiecen a correr los números de la cena. Sistema de alta tecnología parecido a los números de la cola en un supermercado.

De improviso aparece por las escaleras de acceso al sótano “el osito Ricardo”. “Chicos me he retrasado por que me he encontrado cada cosa… Os vais a quedar alucinados.” El osito Ricardo tiene el número 50.

Explicaré primero el porqué de los motes. Cuando acabó el mes de junio, el albergue de San Martín de Porres cerró sus puertas por vacaciones. Unos cuantos albergueros fuimos destinados durante el mes de julio al de San Juán de Dios.

Uno de ellos fué “bubú”. Y siguiendo con la broma y en el fondo para mantener la unión y como autodefensa ante el mundo desconocido que nos esperaba, empezamos a llamarnos “ositos”. Así fuimos osito Ricardo, osito grandullón y osito gruñón. A mi me llamaron “tio pedro”. Y por fin otro, con el que no nos llevabamos muy bien, aunque por corporativismo le acogíamos en nuestro seno, le llamamos “el patitos”.

Pués bien aquella noche, como ya he dicho estábamos todos reunidos esperando la cena y el osito Ricardo dijo: “¿Que os parece el pura sangre que traigo?” Ante nuestra sorpresa sacó un caballito de madera con la cabeza de peluche amarillento.

“Que cachondo, ¿para que quieres eso”, le dijo el osito Grandullón. “Esperar que no lo habeis visto todo” dijo el osito Ricardo.

Y ni corto ni perezoso apretó una de las orejas del caballito. De repente este empezó a emitir sonidos de trote ligero, posteriormente de relinchos para acabar con un bufido.

“Buenísismo, que cachondada” decía el osito Gruñón mientras “bubú” se partía de risa.

Mientras tanto el pesado de “el patitos” seguía con su cantinela: “Esto es muy fuerte, me van a echar y voy a dormir en el Manzanares con los patitos” esto lo repetía incesantemente, de ahí el mote.

“Esperar que lleguemos a la cena, habrá sorpresa”, dijo mientras tanto el osito Ricardo.

Por fin las 20h 30′. Empieza el desfile con el rito ancestral funcionando. Un preso de confianza dándole al botón y haciendo avanzar los números. Los albergueros entregando la ficha con su númerito y comenzando la ascensión por las escaleras hacia la planta del comedor.

Yo, o sea “el tio pedro” y el osito gruñón, teníamos los números 19 y 20. Habíamos llegado juntos y pronto. Así que al entrar de los primeros reservamos sitio a nuestros amigos, mediante la astuta operación de poner nuestras bolsas encima de las sillas contiguas.

Esto aunque parezca una tontería tenía mucha importancia.

Los colaboradores, mal llamados presos de confianza o palanganeros, ya que en el fondo eran unos infelices y buenos indigentes como nosotros, a los que utilizaban para trabajar en los jardines, recogida de cubos de basuras, barriendo los viales de los aparcamientos, descarga de mercancías, lavandería, comedor, etc. por la bonita cantidad de 10 € 40 c a la semana, pero eso sí sin seguridad social ni contrato de trabajo,- a esto lo llaman terapia- tenían la costumbre de sentarse todos juntos en la primera mesa.

Nosotros nos sentabamos en la segunda mesa, en la que no se sentaban los habituales de San Juán. No sé porqué sería.

Cuando a mediados del mes quedaron vacias la mitad de las camas del albergue, supongo que porque los indigentes que las ocupaban se habrían ido de vacaciones, se cerraron varias mesas, entre ellas las de los colaboradores y estos intentaron ocupar la nuestra. Nosotros nos defendimos con uñas y dientes, haciendo un espectacular despliegue de bolsas.

Bueno pues una vez ocupadas nuestras posiciones empezó el espectaculo.

La cena consistía en un sopicaldo de variadas delicias y unas lonchas de ¿jamón de york? con salsa de tomate. Un pan mal descongelado. Y de postre, para no variar, sandía.

Los ositos allí reunidos con las bandejas llenas de tan suculento ágape nos mirabamos con cara de aburrimiento cuando el osito Ricardo dijo: “Alguién quiere un poco de chorizo picante de León? Si preferís queso de cabra, es muy bueno. También tengo salchichón ibérico y chorizo de pamplona. Para completar tengo tabletas de chocolate”. ” Joder Ricardo es la hostia ” dijo el osito Grandullón. A “bubú” se le caían las gafas de la alegría. Y yo me tiré en plancha sobre el chorizo picante, no sin antes dar las gracias, para darle un poco de sabor al sopicaldo.

Los colaboradores miraban asombrados, sin atreverse a decir nada.

Entonces osito Ricardo para completar el espectáculo de su bolsa mágica sacó un bote de mayonesa, varios envases de salsa rosa, una chapata y algunas rodajas de pan de sandwich.

Finalmente puso encima de la mesa una “sirla” con mango de madera para partir el pan y sobre todo los embutidos y el queso.

Los bocatas volaban, rebosando de mayonesa, chorizos varios y queso.

Tal era el espectáculo que una de las “hermanas” no se pudo contener y se acercó con cara de sorpresa a nuestra mesa. “Caramba con el diabético”, solo se atrevió a decir y se marchó sin ningún comentario más. ¿Qué podía decir?

Desde lejos algunos hermanos miraban asombrados, pero disimulaban y por supuesto no decían nada.

¿Que no quede nada ositos” dijo Ricardo, “esto es un infierno” añadió imitando a Rambo, imitación que clava.

“Esto es un caos, esto es carne de vietnamita, dios mio” insistía el osito Ricardo-Rambo, mientras acuchillaba un trozo de chorizo de León, “háblame Jhonny, levantate soldado”.

Mientras tanto fueron desapareciendo las viandas en las fauces de los ositos agradecidos.

Fin de esta historia.

Mientras la escribo mi buen amigo Ricardo/Rambo me dice que escriba lo siguiente: “Voy a perder mi reputación, dios mio, voy a salir en el New York Times, el presidente me colgará por esto.”

La bolsa mágica del osito Ricardo sigue cumpliendo su función y no hay día en el que no salgan de ella mecheros, chaquetas de cuero, latas de fabada, berberechos, cintas de cassete, hasta un contestador automático. Y como el dice “todo lo que un buen marine pueda necesitar.”

One Response to ““El osito Ricardo y su bolsa mágica””

  1. indigencia » Blog Archive » “Ha nacido “La Osera de Ricardo” Says:

    […] Primero fué “El osito Ricardo y su bolsa mágica” […]

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