Archive for Agosto, 2006

¿Cree Ud posible aplicar “discriminación positiva” en favor de los indigentes?

Jueves, Agosto 31st, 2006

¿Cree Ud. posible aplicar “discriminación positiva” en favor de los indigentes?
SÍ, como a otros colectivos.
SÍ, son un grupo excuido.
SÍ, es la única manera que tienen de dejar de serlo.
NO, que hubieran trabajado más.
NO, han perdido sus derechos.
NO, ni con eso saldrían de la calle.
NO, hay otros colectivos más desfavorecidos.
NO, los impuestos son para cosas más importantes.

  
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“Reflejos sin azogue”

Jueves, Agosto 31st, 2006

Mi amigo “el espía”, al que ya he citado alguna vez en esta bitácora, me envía este precioso texto. Los indigentes damos muchas veces sorpresas. El lleva en la calle muchos años, y ha trabajado con altibajos otros muchos. Ahora tiene una ilusión en la vida y espero que esta sirva para sacarle definitívamente de la indigencia.

“De los cinco sentidos que dicen que disponemos, el que Iris valoraba por encima de los demás y sin ningún género de dudas era el de la vista, no podía concebir la idea de la vida sin esos maravillosos instrumentos de precisión que han determinado en llamar ojos, podía imaginar y aceptarse sorda, muda, manca o hasta parapléjica de por vida en una silla de ruedas, pero nunca incapacitada de esos dos mágicos órganos de su cuerpo.

Su propio nombre ya era para ella una especie de suerte predestinada. Por otra parte, ya se conocía que no hay dos pares de iris iguales o casi, y se podía identificar a una persona tan sólo por ese detalle tal como sucede con las huellas dactilares.

Pero ella iba aún más allá que esos malditos scanner de pacotilla, Iris creía poder conocer el fondo de las personas y de cualquier animal únicamente con cruzar su mirada por la calle, una mirada pétrea, gélida, y a la vez felina y penetrante que calaba su corteza y analizaba sus sentimientos con mayor nitidez que los últimos avances japoneses en fotografía y una resolución que ya la quisieran para sí los EEG esos y los satélites espaciales juntos.

Ni que decir tiene que consideraba las gafas como un artilugio ajeno, molesto e innecesario a todas luces para ella, que entreveía muchos más colores que el resto del mundo y podía vislumbrar en lontananza un barco pesquero desde la orilla antes que lo detectasen los guardacostas con todos sus radares.

Todo ello no obstaba para que admirase la pintura, y particularmente la de Goya, al que consideraba el primer fotógrafo y reportero de la historia, un pintor pionero y un periodista adelantado para su época, no perdía el tiempo con paisajes, bodegones, u otras abstracciones inertes; infería que el ilustre sordo retrataba con su instamatic manual lo que sucedía alrededor de él para tener y dejar constancia de ello a la posteridad incluyéndose a sí mismo.

A ella le pasaba otro tanto de lo mismo, necesitaba guardar toda la información de alguna forma, pues la fugacidad de cada instante visualizado contenía tal porción de datos que le resultaba imposible memorizar todo lo que iba viendo, sobrellenándose su cerebro de un batiburrillo de imágenes e ideas que la saturaban, así que terminó optando por plasmarlas de forma material en fotografía, y a partir de ahí reflejarlo de nuevo delante de sus ojos para poder recordar dónde o con quién había estado y así retomar el hilo de su vida.

Se dirigía a todas partes con su cámara al hombro para no perder detalle que le importase verdaderamente. Pensaba como un cazador de imágenes o un voyeur al acecho de los incautos, porque, qué era la fotografía sino estar en el momento preciso en el lugar oportuno y elegir -como intentó conseguir Goya- el instante adecuado en el que la pieza reflejase toda su belleza o toda su deformidad, toda su luz o toda su crueldad, toda su rudeza o toda su nobleza y absorber esas características para hacerlas suyas, pero entonces ya no disparaba para atrapar un pasado que se esfumaba, sino, en un deseo obsesivo, para arrancarlo de cuajo egoístamente del espacio-tiempo que era la fugaz dimensión que no lograba controlar… aún; sin embargo siempre sentía una excitación morbosa que le estremecía cada poro de su piel cuando escrutaba aquellas caras en las que los moribundos de cualquier catástrofe expelían su ronco estertor en lo que parecía su último hálito de vida, o suplicando con un grito sordo un favor inalcanzable para ellos.

Por todo ello no consentía bajo ningún concepto en publicar sus fotografías ni se avenía a compartirlas con nadie, pero por encima de todo no dejaba que la tomaran fotos por nada del mundo, se excusaba bajo un falso pudor aunque la verdad fuera el temor a ser desnudada como hacía ella con los demás; no se sentía rara ni sola pues comprendía que otras culturas como los islamistas, cuáqueros, amys, protestantes y otras tribus humanas también rechazaban diferentes tipos de culto a la imagen aunque por razones de índole religiosa que no compartía, como casi nada en su vida, porque si se llegara a descubrir su secreto acabarían por exprimirla hasta dejarla seca y no era cuestión de abrir su caparazón ni ante un devaneo pasajero, había que andar con pies de plomo en ese aspecto si no quería despertar sospechas ni tener ningún desliz inconscientemente que la pudiera traicionar.

De antaño conservaba las pocas tomas que de ella se habían hecho, pero no se identificaba con la persona que veía reflejada en ese pedazo de cartón, como si no fuera realmente su propio rostro, algo así como cuando uno mismo se escucha la propia voz grabada con medios electrónicos y no se reconoce.

Sus gestos y sus sonrisas eran como muecas forzadas, su rictus y sus poses le parecían extremadamente anodinas, torpes y humillantes y ésta era la verdadera razón por la que escurría el bulto cuando la enfocaban para tirarla alguna foto, se convirtió en una iconoclasta de sí misma, no podía soportar verse ni siquiera ante el espejo si no era para empolvarse o maquillarse esa insondable faz, máscara o lo que fuera, nunca comprendió por qué con ella misma no percibía las mismas sensaciones que obtenía con los demás, no era capaz de verse interiormente y eso la aterraba porque… ¿y si era hueca de verdad? Se preguntaba Iris.

Se disparó otra última foto ella sola como para darse otra oportunidad y al ir a revelarlas, en la penumbra de la habitación se percató de que era precisamente en el negativo donde sí que se halló más diáfana que nunca.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que realmente carecía de una visión introspectiva de sí misma, se vaciaba a medida que devoraba al resto del mundo y al final todo en ella resultó ser adquirido, empezando por el lenguaje, nada original o genuino encontró de su propia vida. Nunca había llegado a tenerla. Todo aquello tenía algo de antinatural. ¿Merecía la pena?
-¿Cómo me retrataría Goya? ¿Acaso otro Capricho de los suyos? se preguntó ensimismada reconociéndose.

Ante ella, de la macilenta bombilla roja colgada en la pared desconchada de su laboratorio, emanaba un tenue haz de luz que sesgando el aire en un picado hacia sus pupilas, se reflejaba constelándose en dos profundas chispas incandescentes que hacían germinar sendos destellos en la noche interna que se escondía tras sus ojos.

Los cerró, y cuanto más los cerraba más claro veía.
No lo dudó más, acto seguido hendía alrededor de ellos el afilado canto del celuloide de la película fotográfica para que en adelante sólo se le pudiera “revelar” su auténtica existencia, ya sin brumas ajenas en su consciencia.

Por fin se encontraría consigo cara a cara.”

“El osito Ricardo y su bolsa mágica”

Miércoles, Agosto 30th, 2006

Fecha y hora: 20h 15′ de un día cualquiera del mes de julio del año de gracia.

Localización: Albergue de San Juán de Dios.

Ubicación: Sótanos del citado albergue.

Cuarenta y nueve albergueros y dos colaboradores , o como los llama mi amigo “el osito grandullón” presos de confianza o palanganeros según el humor que tenga, o lo “perfumado” que esté, estamos en la estancia de espera para que empiecen a correr los números de la cena. Sistema de alta tecnología parecido a los números de la cola en un supermercado.

De improviso aparece por las escaleras de acceso al sótano “el osito Ricardo”. “Chicos me he retrasado por que me he encontrado cada cosa… Os vais a quedar alucinados.” El osito Ricardo tiene el número 50.

Explicaré primero el porqué de los motes. Cuando acabó el mes de junio, el albergue de San Martín de Porres cerró sus puertas por vacaciones. Unos cuantos albergueros fuimos destinados durante el mes de julio al de San Juán de Dios.

Uno de ellos fué “bubú”. Y siguiendo con la broma y en el fondo para mantener la unión y como autodefensa ante el mundo desconocido que nos esperaba, empezamos a llamarnos “ositos”. Así fuimos osito Ricardo, osito grandullón y osito gruñón. A mi me llamaron “tio pedro”. Y por fin otro, con el que no nos llevabamos muy bien, aunque por corporativismo le acogíamos en nuestro seno, le llamamos “el patitos”.

Pués bien aquella noche, como ya he dicho estábamos todos reunidos esperando la cena y el osito Ricardo dijo: “¿Que os parece el pura sangre que traigo?” Ante nuestra sorpresa sacó un caballito de madera con la cabeza de peluche amarillento.

“Que cachondo, ¿para que quieres eso”, le dijo el osito Grandullón. “Esperar que no lo habeis visto todo” dijo el osito Ricardo.

Y ni corto ni perezoso apretó una de las orejas del caballito. De repente este empezó a emitir sonidos de trote ligero, posteriormente de relinchos para acabar con un bufido.

“Buenísismo, que cachondada” decía el osito Gruñón mientras “bubú” se partía de risa.

Mientras tanto el pesado de “el patitos” seguía con su cantinela: “Esto es muy fuerte, me van a echar y voy a dormir en el Manzanares con los patitos” esto lo repetía incesantemente, de ahí el mote.

“Esperar que lleguemos a la cena, habrá sorpresa”, dijo mientras tanto el osito Ricardo.

Por fin las 20h 30′. Empieza el desfile con el rito ancestral funcionando. Un preso de confianza dándole al botón y haciendo avanzar los números. Los albergueros entregando la ficha con su númerito y comenzando la ascensión por las escaleras hacia la planta del comedor.

Yo, o sea “el tio pedro” y el osito gruñón, teníamos los números 19 y 20. Habíamos llegado juntos y pronto. Así que al entrar de los primeros reservamos sitio a nuestros amigos, mediante la astuta operación de poner nuestras bolsas encima de las sillas contiguas.

Esto aunque parezca una tontería tenía mucha importancia.

Los colaboradores, mal llamados presos de confianza o palanganeros, ya que en el fondo eran unos infelices y buenos indigentes como nosotros, a los que utilizaban para trabajar en los jardines, recogida de cubos de basuras, barriendo los viales de los aparcamientos, descarga de mercancías, lavandería, comedor, etc. por la bonita cantidad de 10 € 40 c a la semana, pero eso sí sin seguridad social ni contrato de trabajo,- a esto lo llaman terapia- tenían la costumbre de sentarse todos juntos en la primera mesa.

Nosotros nos sentabamos en la segunda mesa, en la que no se sentaban los habituales de San Juán. No sé porqué sería.

Cuando a mediados del mes quedaron vacias la mitad de las camas del albergue, supongo que porque los indigentes que las ocupaban se habrían ido de vacaciones, se cerraron varias mesas, entre ellas las de los colaboradores y estos intentaron ocupar la nuestra. Nosotros nos defendimos con uñas y dientes, haciendo un espectacular despliegue de bolsas.

Bueno pues una vez ocupadas nuestras posiciones empezó el espectaculo.

La cena consistía en un sopicaldo de variadas delicias y unas lonchas de ¿jamón de york? con salsa de tomate. Un pan mal descongelado. Y de postre, para no variar, sandía.

Los ositos allí reunidos con las bandejas llenas de tan suculento ágape nos mirabamos con cara de aburrimiento cuando el osito Ricardo dijo: “Alguién quiere un poco de chorizo picante de León? Si preferís queso de cabra, es muy bueno. También tengo salchichón ibérico y chorizo de pamplona. Para completar tengo tabletas de chocolate”. ” Joder Ricardo es la hostia ” dijo el osito Grandullón. A “bubú” se le caían las gafas de la alegría. Y yo me tiré en plancha sobre el chorizo picante, no sin antes dar las gracias, para darle un poco de sabor al sopicaldo.

Los colaboradores miraban asombrados, sin atreverse a decir nada.

Entonces osito Ricardo para completar el espectáculo de su bolsa mágica sacó un bote de mayonesa, varios envases de salsa rosa, una chapata y algunas rodajas de pan de sandwich.

Finalmente puso encima de la mesa una “sirla” con mango de madera para partir el pan y sobre todo los embutidos y el queso.

Los bocatas volaban, rebosando de mayonesa, chorizos varios y queso.

Tal era el espectáculo que una de las “hermanas” no se pudo contener y se acercó con cara de sorpresa a nuestra mesa. “Caramba con el diabético”, solo se atrevió a decir y se marchó sin ningún comentario más. ¿Qué podía decir?

Desde lejos algunos hermanos miraban asombrados, pero disimulaban y por supuesto no decían nada.

¿Que no quede nada ositos” dijo Ricardo, “esto es un infierno” añadió imitando a Rambo, imitación que clava.

“Esto es un caos, esto es carne de vietnamita, dios mio” insistía el osito Ricardo-Rambo, mientras acuchillaba un trozo de chorizo de León, “háblame Jhonny, levantate soldado”.

Mientras tanto fueron desapareciendo las viandas en las fauces de los ositos agradecidos.

Fin de esta historia.

Mientras la escribo mi buen amigo Ricardo/Rambo me dice que escriba lo siguiente: “Voy a perder mi reputación, dios mio, voy a salir en el New York Times, el presidente me colgará por esto.”

La bolsa mágica del osito Ricardo sigue cumpliendo su función y no hay día en el que no salgan de ella mecheros, chaquetas de cuero, latas de fabada, berberechos, cintas de cassete, hasta un contestador automático. Y como el dice “todo lo que un buen marine pueda necesitar.”

“Ir al super para renovar la tarjeta del comedor.”

Miércoles, Agosto 30th, 2006

Este texto lo escribe mi buen amigo “bubú”. Para los que no hayan leido “Mi diario” les diré que es un personaje entrañable de los albergues y comedores de Madrid, y compañero mio de excursiones.

“El otro día tuve que renovar la trajeta para ir a comer los fines de semana y los días festivos al comedor, llegé sobre las 8.30 am. Ya para entonces tenía delante de mi a unas 15 personas que al final se convirtieron por arte de magia en 20.

A las 9.10 abrieron, mal empezamos, ya que la hora habitual son las 9.00, debe ser que a la persona responsable se le debieron pegar las sabanas con esto del sindrome postvacacional. Empujones y carreras, vamos que ni que estuvieramos en la parrilla de salida de un gran premio de formula 1, y todos quisieramos conseguir la pool position, a mi me toco el numero el numero 6 de la serie amarilla.

A las 10 empezó la trabajadora social a trabajar, ¡¡¡vaya horario de empezar a trabajar!!!, cuando el resto de los demas trabajadores de este pais llevan entre 1 y 2 horas ya trabajando. ¿Es que estos señores tiene un convenio especial?

De los 5 que tenía por delante a dos les entregaron la tarjeta sin tener que entrar a hablar con la susodicha trabajadora y es que hasta entre los indigentes hay clases, ¡¡¡ que morro!!! .

Los otros 3 que tenía por delante empezaron a entrar a las diez, bueno cuando me llego el turno eran las 11 de la mañana ya que la señora se tiró con cada uno de los tres la friolera de 20 minutos.

No sé si para tener que darte una tarjeta tienen que tener 20 minutos de entrevista o es que se tiene que hacer un testamento o tener que ser sometidos a un interrogatorio y todo esto solo para que te den una dichosa tarjeta, como si no tuvieramos que hacer otra cosa.

Otros no sé pero yo tengo otras cientos de cosas que hacer durante el dia, o es que por que seamos indigentes no tenemos derecho a ponernos malos e ir al medico o ir a una entrevisata de trabajo, por que aunque muchos no se lo crean, a muchos de los que estamos en la calle, por no decir a todos, no nos gusta nuestra situacion y luchamos día a día por salir de ella.

Bueno espero que pronto se arregle el tema de la burrrrocracia, si no me he equivocado al escribirlo por que parece que en este país los que tienen que arreglar los problemas, los que estan dando el callo, contraen la terrible enfermedad infectocontagiosa de la burrocratosis, antiguo mal de políticos y de funcionarios pero que ya se extiende por otros sectores.

Espero no haberles aburrido con este relato y me despido hasta el próximo.”

“Bubú”

“Otras indigencias”

Miércoles, Agosto 30th, 2006

He elgido la Plaza de París para leer el periódico que ha caido en mis manos y devorar el bocadillo que obra en mi poder, siéntome en un banco a la sombra y me apresto al devoro y a la lectura sosegada.

Estando en ello, cinco personajes al otro lado del seto, a mis espaldas, discuten en alta voz, presto algo de atención en principio y mayor a continuación, hablan de pleitos, deudas, impagos, embargos, etc…………..
acompañando sus tesis con “tacos” por doquier, surgen nombres tales como Conde, Vera, Marbella; Forum, un preso de Ávila y otros que ni me suenan, obvio que los susodichos personajes deberían corresponder al gremio justicialista dado que levantando la mirada observo Audiencia Nacional, Tribunal Supremo….. obvio.

Yo a lo mio, mi bocadillo ilustrado y mi botellín de Isabel II, mis migas a las palomas, como me enseña Sabina, y a los pajaritos, ambos devoradores de tan suculento manjar.

En eso estoy cuando me asalta el pensamiento de que puede haber también varias clases de Indigentes.

Unos como nosotros indigentes de no poseer nada material, otros como los mencionados por los personajes a mis espaldas, indigentes amorales, faltos de escrúpulos, estafadores….. Hay otros de más rango con apropiaciones indebidas, de más de 600 M de las antiguas pesetas, son los del tercer grado, es decir de TERCERA.

Todavía hay más indigentes en la clasificación, sin principios, sin honor…. poneros a pensar y os sorprenderá que la Indigencia es más amplia de lo que al principio imaginábais…..

Tomo un trago de Isabel II, me incorporo en el banco apoyo mis brazos en las rodillas, observo mis zapatos, pienso que la Dama ya sabe que me quedan pequeños los “tennis” tan crema con la sonrisa tan idem…. es que me quedan pequeñas.

“Entrevista a Pedro Cabrera”

Lunes, Agosto 28th, 2006

Hoy 28 de agosto madridiario.es publica una interesante entrevista con el “gurú” de la pobreza en España.

Por su interés aconsejamos su lectura completa. La dirección es
http://www.madridiario.es/mdo/reportajes/
reportajesmadrid/entrevistapedrocabrera-030405.php
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Pedro Cabrera, es profesor de Sociología de la Universidad Pontificia de Comillas y autor del estudio “Personas sin Techo en Madrid”

“Los recursos de Madrid no están adaptados a las realidades de las personas sin hogar”

Madrid, 03/04/2004. Tatiana Cuesta
Fotos: Marta Moreira

“Los recursos son insuficientes, hay pocas plazas, están poco adaptadas a las nuevas realidades, están masificadas y son espacios impersonales; faltan consignas entre los servicios porque no hay protocolos de actuación, no está claro quién hace qué cosas entre el ámbito privado y público”.

Son algunas de las conclusiones de un estudio, que ha servido como base del Plan Regional de Atención a Personas Sin Hogar de la Comunidad de Madrid. Pedro Cabrera ha analizado la realidad social de una región en la que se confunde la mendicidad con el `sinhogarismo´.

Partiendo de la premisa de que vivir en la calle no es bueno para nadie, Cabrera ha elaborado unas serie de propuestas para ofrecer soluciones a las Administraciones.

Algunas ya están en marcha, y otras han quedado en el papel, aunque tarde o temprano acabarán llevándose a la práctica.
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En prmer lugar quiero agradecer a sr. Cabrera su interés y desvelos por mejorar la existencia de los indigentes madrileños. De todo corazón, gracias.

Despues modificar algunos de sus datos. El número de plazas no es correcto. No en primavera, verano y otoño. Durante estas bonitas estaciones cierran los albergues, por llamarlos con la terminología oficial, de “Mayorales” y “El padre Enrique”. En julio cierra “San Martín de Porres” por vacaciones y en agosto “San Juán de Dios” por la misma causa.

Otra cifra a corregir es la del número de indigentes que duermen en la calle. El sr. Cabrera habla de 500. No sé cómo se habrá estimado esa cifra pero yo le puedo asegurar que son bastantes más.

Y finalmente no me cuadra que todos los años haya 365 personas más en la calle y el número total no crezca.

Por lo demás estoy muy de acuerdo en sus apreciaciones sobre los recursos y sobre la falta de protocolos.

Y sobre todo y con mi experiencia vivida en este mundo le confirmo la muy mala aplicación de los recursos.

Esperemos que dentro de poco tiempo no queden indigentes en las calles de Madrid.